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EPM sigue en alerta roja

04 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.
No se supone que el alcalde de Medellín imponga su voluntad en la empresa. / Foto: EFE
Foto: EFE - Luis Eduardo Noriega
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Daniel Quintero continúa demostrando que su estilo en Medellín es napoleónico. Después de haber puesto a un polémico gerente a la cabeza del Grupo EPM, Álvaro Guillermo Rendón López, el alcalde de la capital antioqueña decidió ahora exigirle la renuncia. Todos los indicios apuntan a que el burgomaestre desea violar la autonomía corporativa de EPM, imponer sus deseos y enviar el mensaje de que si las cosas no se hacen como él desea, simplemente no se hacen. Es un precedente preocupante que se une a otras varias actitudes donde a la ciudadanía se le da un discurso de transparencia y estabilidad, pero tras bambalinas se rompen los protocolos y se crea una burocracia servil a los deseos del mandatario.

Al alcalde no le gusta que lo critiquen. Cuando en prensa se cubre algún mal manejo, sale a desmentir y, en ocasiones, tilda a los periodistas de publicar información falsa. Ahora sabemos que es él quien promueve imprecisiones. Mientras en privado le pedía la renuncia a Rendón López, en público decía que “lo de EPM no es verdad. El gerente viene haciendo una magnífica labor y la seguirá haciendo. Esos son rumores que se crean para provocar desestabilización”. Esa última frase demuestra que, para el mandatario, siempre hay una conspiración en contra de su trabajo.

Lo más preocupante, en todo caso, son las razones por las que Quintero se sintió incómodo con Rendón. En entrevista con El Espectador, el ahora exgerente de EPM fue claro: “En una conversación privada a principio de año (Quintero) dijo que quería que me hiciera a un lado, que necesitaba a una persona que le copiara más, porque yo siempre le ponía muchas barreras, muchas talanqueras, y que quería un fast track hacia EPM”. Es decir, el mandatario se chocó contra la autonomía corporativa de EPM, donde no se supone que el alcalde de la ciudad imponga su voluntad.

No se trató de decisiones sencillas. Rendón cuenta que el alcalde le pidió cambiar el equipo de dirección de la empresa. Según el exgerente, le contestó: “Ante el solo hecho de que me estuviera pidiendo cambios, reaccioné diciendo que no se producía ningún cambio. Así se respeta la institución, no sacando masivamente a la gente”.

Compartimos, entonces, la apreciación que hizo el periódico El Colombiano en su editorial sobre este mismo tema: “EPM va en camino, lamentablemente, de ser un apéndice del despacho del alcalde, manejada al vaivén de agendas que la ciudadanía desconoce”.

No se trata, en ningún momento, de desconocer el mandato popular del alcalde ni su legitimidad. Lo que sí deben saber los ciudadanos de Medellín es que desde la Alcaldía se están utilizando malas prácticas administrativas, se presiona a quienes deciden servir de contrapeso y no se habla con claridad sobre las razones que motivan las medidas que se toman. Eso no solo afecta el desempeño de una empresa tan importante para Antioquia y Colombia como EPM, sino que se trata de una receta que, en el pasado, hemos visto desencadenar en autoritarismo. Así, en democracia, no se debe dirigir el rumbo de una ciudad.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

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