Cerrando la tarde del viernes, el presidente Iván Duque le dio una muy buena noticia al país. Después de semanas de especulación sobre posibles demoras en la llegada de vacunas a Colombia, el mandatario aclaró que el plan de vacunación masiva comenzará en las primeras semanas del año entrante. Llega en buena hora el anuncio, pues en Quindío se decretó alerta roja por el colapso de las unidades de cuidados intensivos (UCI) y lo mismo ocurrió en Norte de Santander. Otras zonas del país están viendo un incremento en los contagios, lo que augura que vienen meses difíciles.
Al cierre de esta edición, Colombia estaba llegando a las 40.000 personas muertas por COVID-19. Se trata de una tragedia. El virus es cruel: los síntomas severos son angustiantes, producen dolor y complicaciones, y además obligan a que las personas pasen sus últimos días lejos de su familia. Somos un país en duelo: la memoria de aquellos que han fallecido debe ser honrada y el sufrimiento de quienes los extrañan no puede pasar desapercibido. El 2020 y la pandemia dejan a los colombianos con una crisis de salud mental.
Por eso, la prioridad debe seguir siendo detener los efectos devastadores del COVID-19. En esa lucha, el anuncio del Gobierno es importante y se trata de un gran logro que celebramos. En su programa Prevención y Acción, el presidente Duque anunció que Colombia firmó contratos para obtener 40 millones de dosis de vacunas, lo que permitirá vacunar a unos 20 millones de personas. El objetivo de la vacunación masiva serán, dijo el Ministerio de Salud, unos 34,2 millones de personas, por lo que vamos muy bien en el camino para cumplir la promesa.
El presidente anunció que Colombia tiene acuerdos con Pfizer para 10 millones de dosis, AstraZeneca (Oxford) para otros 10 millones y, como hace parte de la alianza Covax, recibirá 20 millones más. Además, el ministro de Salud, Fernando Ruiz, dijo que las primeras vacunas se empezarán a aplicar en enero, y en febrero ya estará en ejecución el proceso de vacunación masiva.
Son excelentes noticias para cerrar un año difícil. Las personas están cansadas, la desobediencia a las instrucciones de salud pública viene en aumento y los resultados son desastrosos. Con la vacuna en el horizonte y su pronto aterrizaje en el país, esperamos que se incrementen las energías nacionales y con ellas la voluntad de mantener el distanciamiento físico, el lavado de manos y el uso del tapabocas.
Lo que viene no será sencillo. Los gobiernos nacional y locales deberán encargarse de una logística compleja. Además, en la era de la desinformación, hay que contrarrestar todos los mensajes que intenten desacreditar la importancia de vacunarse. Cada colombiano debe entender que esta es una herramienta esencial para empezar a superar la pandemia; que cada retraso implica más contagios, muertes y tragedias familiares. El Gobierno también deberá asegurarse de que las garras de la corrupción no influyan en la distribución de las dosis. No podemos arruinar esta esperanza que llega al final de un año trágico.
Invitamos a todos los partidos políticos a realizar un acto conjunto de apoyo a las vacunas. No solo ellos: todos los colombianos debemos comprometernos con el proceso que viene y defenderlo con vehemencia.
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