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¿Existe voluntad para construir un acuerdo nacional?

02 de septiembre de 2023 - 09:00 p. m.
La Casa de Nariño envía señales de que está dispuesta a aprender de sus errores y enderezar el rumbo, pero por cada avance hay una declaración ambivalente que hace dudar de la sostenibilidad de la nueva estrategia.
Foto: Presidencia
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Los esfuerzos del Gobierno de Gustavo Petro por construir un acuerdo nacional que le ayude a recuperar su gobernabilidad están empezando a dar señales de viabilidad. El gran interrogante con el discurso del presidente el pasado 20 de julio era si su cambio de tono iba a ir acompañado de compromisos prácticos que aterricen su retórica de conciliación. Con el trabajo realizado por varios ministerios y el acercamiento a distintos grupos, empresarios incluidos, la Casa de Nariño envía señales de que está dispuesta a aprender de sus errores y enderezar el rumbo. Sin embargo, por cada avance hay una declaración ambivalente del mandatario o sus subalternos que hace dudar de la sostenibilidad de la nueva estrategia.

Los dos Petros que hemos visto en este año de mandato generan un contraste constante. Por un lado está el político negociador que quiere construir un proyecto amplio a partir de concesiones y acuerdos con los diferentes, bajo la figura de la unidad nacional; por el otro, está el caudillo atrincherado en discursos efectistas y en la supuesta refrendación popular de todas sus ideas. Eso llevó a que se rompiera la coalición de gobierno y a que reformas esenciales como las de la salud y la laboral se estancaran en un Congreso hostil a los planes del Gobierno. La situación se degradó a tal punto que la gobernabilidad del presidente sigue en duda y las elecciones locales de octubre se presentan como un juicio a su desempeño.

Corríamos el riesgo de que, ante el panorama y como le pasó cuando era alcalde de Bogotá, el presidente decidiera cavar más hondo en sus trincheras ideológicas y fomentara la confrontación. Aún es probable que eso ocurra, porque en cada discurso pronunciado por Presidencia abundan los enemigos internos y externos que supuestamente conspiran para tumbar al Gobierno y negar la voluntad popular. No obstante, también deben reconocerse los esfuerzos por construir diálogos genuinos que abandonaron el tono de imposición que adoptó la Casa de Nariño en el pasado.

Tres espacios puntuales muestran avances en este sentido. El más importante fue quizás la reunión esta semana de la plana mayor del Gobierno con los gremios de empresarios. Después de desplantes, ausencias injustificadas e indirectas en discursos, el acercamiento del presidente y sus ministros ayudó a distensionar los ánimos. La ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez, quien acaba de volver a presentar una ambiciosa reforma laboral, tendió puentes con un sector que se siente excluido de esa negociación y estigmatizado por la actitud de la administración Petro. Construir confianza es clave: tanto el Gobierno como el sector privado deben halar para el mismo lado si queremos que Colombia progrese.

Los otros dos momentos se presentaron en lo político. Cuando la plenaria de la Cámara de Representantes aprobó la creación de una subcomisión para conciliar la reforma a la salud, el Gobierno recibió con buenos ojos el espacio para construir consensos. En La W, el ministro del Interior, Luis Fernando Velasco, dijo que la creación de la subcomisión muestra que “hay una gente buscando un acuerdo” y que “el Gobierno no va a presionar sin que haya debates a fondo, la idea es que en este mes hagamos un debate para buscar un diálogo en torno al acuerdo nacional”. Se trata de un cambio notable en su estrategia con la reforma que más problemas le ha generado a la administración Petro.

Esa misma actitud se vio en la reunión del presidente con legisladores de otros partidos. El mensaje es construir consensos. Así tiene que ser: los cambios ambiciosos tienen que contar con un apoyo amplio para que tengan legitimidad y sean sostenibles a largo plazo. Si continúa así, el Gobierno puede comenzar a cosechar triunfos. Pero es necesario que modere sus discursos agresivos. ¿Habrá la voluntad de hacer ese cambio?

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