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Hay que proteger las enseñanzas de nuestra Selección

Con el regreso de la Selección Colombia de fútbol hoy al país se cierra un ciclo que demostró las bondades de tener un equipo conformado por profesionales ejemplares. Independientemente de los cambios que probablemente tendrán que venir, es importante que se aprendan las lecciones de estos ocho años de trabajo disciplinado y con propósitos muy claros, bajo el mando de José Néstor Pékerman.

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La mano del estratega argentino fue evidente desde su llegada a Colombia. Más allá de las discusiones futbolísticas, que son inevitables en cualquier deporte, impuso una serie de comportamientos que le cambiaron el rostro a la Selección y, de paso, al país entero.

El talento existía. Era evidente. Y habíamos tenido destellos que, sin embargo, no fueron suficientes para consolidar a Colombia como un equipo que jugase con elegancia, seguridad, disciplina. La misma historia de nuestra Selección es muestra de esto. Incluso, en las épocas doradas, a finales de los 80 e inicios de los 90, el equipo estuvo acompañado de escándalos, influencias indebidas de un país en guerra y plagado de narcotráfico, y jugadores que no eran un buen ejemplo nacional. En últimas, también era un asunto de actitud: cuando no andábamos con delirios de grandeza, creyendo que teníamos a la mejor Selección del planeta, nos sentíamos inferiores. Eso se reflejaba en lo deportivo.

Los últimos dos mundiales contaron una realidad distinta. Vimos a jugadores profesionales, organizados, responsables, unidos. Jugando bien o mal, Colombia tuvo identidad, mostró cabeza fría, altura, elegancia. Profesionalismo al más alto nivel. No es gratuito que la eliminación en Rusia haya sido en los tiros desde el punto penal. Incluso sin nuestra estrella, James Rodríguez, fuimos un equipo. Y hay futuro, todos lo sabemos.

Lo que nos lleva necesariamente a Pékerman. Entendiendo que uno de los problemas que enfrentaba la Selección era ser centro de debate en un país mediatizado, donde cada técnico traía su escándalo, adoptó buenas prácticas que marcaron una gran diferencia. Aislar al equipo de los medios de comunicación, fomentar la relación entre ellos, acompañarlos en sus carreras, elegir jugadores alejados de los malos comportamientos, que los hubo, fueron decisiones acertadas.

Ante una Colombia profundamente dividida, Pékerman nos propuso una visión de país sustentada en la disciplina. Eso no puede perderse.

Independientemente de si el argentino sigue al frente de la Selección, lo claro es que estas buenas costumbres deben protegerse. Especialmente porque lo hemos visto con esta selección: esto es más que fútbol; lo que pasa en la cancha, el ejemplo que dan los jugadores, irradia la conciencia nacional. No en vano el Mundial sirvió para encontrarnos en las diferencias después de una elección polarizadora. Y hace cuatro años también.

Quedan muchísimos aprendizajes y no hay vuelta atrás. Lo dijo Falcao García, después de la derrota ante Inglaterra: “este equipo es muy fuerte, los jugadores están creciendo y Colombia volverá más fuerte. Hay que seguir trabajando”.

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