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Honduras y Uruguay: la hora de los ‘Pepes’

LOS RESULTADOS DE LOS COMICIOS en Honduras y Uruguay presentan grandes coincidencias y muy importantes diferencias que es importante tener en cuenta.

30 de noviembre de 2009 - 06:00 p. m.
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Ambos resultados fueron contundentes en favor de los ganadores y fueron reconocidos por los derrotados; las dos jornadas se realizaron en un ambiente de respeto por las leyes electorales y sin denuncias de fraude; los dos triunfadores han hablado sobre el tema de la unidad nacional; el nivel de participación fue significativo y ambos procesos fueron seguidos con gran interés por la comunidad internacional, a pesar de que los resultados finales eran bastante previsibles de acuerdo con las encuestas.

Precisamente aquí comienzan las diferencias: mientras en Uruguay, José Pepe Mujica representa la continuidad del Frente Amplio en la presidencia, ahora en cabeza de un ex jefe guerrillero, en Honduras, Porfirio Pepe Lobo triunfa a la cabeza del Partido Nacional, de oposición, en medio de la grave crisis sin resolver que se produjo luego del golpe de Estado que depuso a Manuel Zelaya.

Las reacciones internacionales con respecto a Honduras marcan la tendencia que va a primar frente al nuevo gobierno que asumirá en febrero de 2010. Mientras algunos países, entre ellos Colombia, han reconocido formalmente al candidato ganador, otros, como España, anuncian que no reconocerán las elecciones, pero no pueden desconocerlas. Un tercer grupo, encabezado por los países del Alba, ha sido claro desde el primer momento en rechazar cualquier resultado sin el retorno de Manuel Zelaya al poder.

Así las cosas, quedan varias lecciones luego de lo ocurrido en el país centroamericano. Por un lado, la Carta Democrática de la OEA escora peligrosamente, pues los hechos demostraron que un golpe de Estado —por más argumentos a favor que se invoquen— terminó apartando del poder a un presidente legítimamente electo y que unas elecciones seriamente cuestionadas unos meses atrás por su ilegalidad, hoy se abren paso como solución a la crisis por la vía del reconocimiento del nuevo gobierno.

Dentro de esta lógica, dicha “fórmula” podría ser aplicada más adelante a otro gobernante, en condiciones similares, en el entendido de la casi imposibilidad de su regreso al poder, y la promesa de elecciones libres que cuenten con el visto bueno de países como Estados Unidos, que ha actuado con evidente doble moral en este caso; asimismo, se hace palpable una división en el interior de la OEA entre los países del Alba, y otros gobiernos de tendencia progresista, frente a aquellos que ya lo hicieron o que tarde o temprano van a reconocer al nuevo gobierno.

De continuar por este camino, tal vez lo más prudente sea acoger la fórmula propuesta por el presidente Óscar Arias de un gobierno de Unidad Nacional que permita, a su vez, un cambio de la Constitución hondureña para adecuarla a las nuevas realidades nacionales: que al final de este traumático proceso no todo haya sido en vano y las reformas propuestas por Zelaya tengan validez.

Uruguay, por su parte, mantendrá en lo esencial las exitosas políticas puestas en práctica por el presidente Tabaré Vásquez. Las mismas que le sirvieron de trampolín a Mujica. Es muy probable que por su militancia encuentre puntos en común con los países del Alba, en especial con Venezuela, pero él mismo ha dicho que su país transita por una senda de desarrollo inocultable y que no es hora de dar timonazos ideológicos innecesarios. De hecho ha señalado a Lula como el modelo a seguir. Su gran reto durante el nuevo gobierno será mantener la continuidad en lo económico y profundizar las reformas sociales alcanzadas por Vásquez.

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