El contraste es elocuente. Mientras China continental se encuentra en medio de un escándalo por la filtración de documentos que prueban sus prácticas inhumanas contra grupos religiosos minoritarios, la isla de Hong Kong acaba de votar abrumadoramente en favor de candidatos prodemocracia. Aunque se trate de un gesto simbólico, los manifestantes que ya van en el quinto mes de protestas ininterrumpidas le están pidiendo al mundo, en particular a los países que se presentan como protectores de la democracia (Estados Unidos y Colombia incluidos), que no olviden a una población que está a punto de ser asfixiada por los tentáculos inescapables del Partido Comunista chino. ¿Responderá el mundo en algún momento?
Si un observador se basara únicamente en los medios de propaganda de China continental, así como las declaraciones de los administradores de Hong Kong, las pasadas elecciones iban a demostrar cómo los ciudadanos estaban listos para rechazar las manifestaciones que se han tomado esa isla. “Terror negro” fue el término empleado por el Partido Comunista chino para referirse a las protestas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta.
Con la votación más alta en la historia de Hong Kong (2,94 millones de personas, que representan el 71,2 % del censo electoral), los movimientos prodemocracia, en oposición a la administración actual, obtuvieron el 85 % de las 452 concejalías que estaban en disputa. Como dijo Wu Chi-wai, secretario general del Partido Democrático, en declaraciones que retoma El País de España, “estas elecciones demuestran que el gobierno central (en Pekín) debe encarar las exigencias de un sistema democrático”.
Las concejalías no tienen mucho poder. En realidad, deben encargarse de administrar asuntos locales como la recolección de basuras. Aunque eligen a miembros del comité que termina decidiendo quién va a ser jefe de gobierno, solo tienen 110 miembros de los 1.200 en total. Bajo todas las métricas, Hong Kong sigue aplastada por el control del Partido Comunista, que está contando los años para poder tomar control total sobre la isla.
El problema es que, como se ha visto estos meses, allí hay toda una generación de jóvenes que, criados bajo los preceptos liberales de la democracia, las libertades individuales y un Estado de derecho confiable, no quieren que su isla se asemeje a China continental. La represión del gobierno de Xi Jinping no solo los espanta, sino que se trata de un tipo de país del cual no quieren ser parte. Por eso, y por otras razones, es que vamos para medio año de protestas que han sido enfrentadas con más y más fuerza por parte de las autoridades.
El resto del mundo ha estado, en mayor medida, silencioso sobre Hong Kong. Tiene sentido: China continental, con su creciente influencia económica, ha comprado el silencio de los Estados democráticos. Se trata, no obstante, de una derrota ética y una vergüenza para los países occidentales que se precian de su institucionalidad, pero son cómplices de la opresión que estamos viendo. Hong Kong acaba de mostrar su compromiso con la democracia, ¿cómo vamos a responder?
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