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La hora de Pekerman

Por fin un técnico extranjero. Esa petición, hecha a gritos por los hinchas (y algunos periodistas y expertos), se convirtió en realidad con la —un tanto sorpresiva— contratación de José Pekerman para dirigir el camino que le queda a la Selección Colombia de mayores para llegar al Mundial de Brasil 2014.

08 de enero de 2012 - 06:00 p. m.
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Casi después de tres décadas puede afirmarse que hay una apuesta diferente a la típica elección de un técnico nacional. Un nuevo proceso. Una renovación después del bochornoso incidente del Bolillo Gómez a las afueras de un bar, del silencio demasiado prolongado de la Federación para aceptar su renuncia y de la improvisada escogencia de Leonel Álvarez, quien, aun así, salió demasiado rápido sin alcanzar a forjar un verdadero proceso. Y a quien, aparte de lo meramente deportivo, cuestionamos fuertemente en este mismo espacio por ser un representante de esa relación lamentable que existe entre el fútbol colombiano, la violencia y los dineros oscuros.

José Pekerman es un gran técnico, no hay duda. En ese aspecto tienden a coincidir casi todos. Desde, por ejemplo, el maestro Óscar Tabárez, director técnico de una exitosa selección uruguaya, quien afirma que sólo replicó el “modelo Pekerman” en su equipo, hasta los jugadores colombianos, quienes han recibido con buen ánimo la noticia, expresándolo a los medios o a través de las distintas redes sociales.

Y no es para menos. El legado del nuevo estratega del equipo nacional es claro: tres títulos mundiales con las selecciones menores de Argentina, un puñado de jugadores talentosos que son discípulos suyos (Juan Román Riquelme, Esteban Cambiasso, Pablo Aimar, Juan Pablo Sorín, son algunos de esos nombres) y una mentalidad ganadora, de metas claras. En fin, de buen fútbol.

Esperamos que ése sea el enfoque del nuevo director técnico. Que los jugadores sepan leer el lenguaje de Pekerman y hagan caso a sus distintas directrices. Sobre todo en estos tiempos, cuando muchos rivales que otrora veíamos orgullosamente como “de segunda” ya han hecho procesos de renovación y están mostrando un fútbol cada vez más superior.

La selección Colombia está a la espera de este cambio. Que refresquen un poco el puesto del director técnico es un buen inicio.

Pero esperamos, también, que la Federación, la hinchada y la prensa en general entendamos que el estratega argentino llega en medio de las eliminatorias, a mitad de un camino que no ha sido bien recorrido y que ha tenido varios baches. Y que, para poder aplicar un buen fútbol, Pekerman deberá tomarse un tiempo prudencial, conocer a los jugadores y plantear un proceso nuevo. Así las cosas, el camino que le queda no es fácil: sus próximos duelos serán Perú y Ecuador. Ambos lejos de casa, en las respectivas capitales de estos países.

Aún existen posibilidades de clasificar al Mundial, por fin, después de décadas de malas rachas. Creemos también que en la selección existe una serie de talentos que deberán ser mejor aprovechados. La misión del nuevo técnico, por otro lado, podría exceder mucho más estas responsabilidades inmediatas. Con él se levanta la posibilidad de estructurar una nueva visión del fútbol. Una misión que, si se deja prosperar, podría lograrse en varios años y asegurar muchos más éxitos en el terreno deportivo.

Un aire de optimismo se respira. Pekerman deberá saber aprovechar su hora con el combinado nacional y brindarnos lo que esperamos: un poco “menos de lo mismo”.

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