Ya bien bajo estábamos en las mediciones anteriores, pero al menos la tendencia era positiva. Ahora no: volvimos a caer y de manera notable en las tres pruebas que se hacen —lectura, matemáticas y ciencias—. Las expectativas de mejoría se han ido al suelo. Un desastre.
Todo tipo de explicaciones se han escuchado para explicar esta involución, pero la verdad es que los resultados de la prueba ponen en evidencia una cierta esquizofrenia en el discurso del Gobierno Nacional. El presidente Santos se enorgullece del indicador de desempleo de un dígito, de la disminución en 0,017 del coeficiente que mide la inequidad (Gini) y considera que nuestra economía es digna de pertenecer a la OECD. Sin embargo, en su discurso no aparece el tema educativo, a pesar de la certeza aceptada de que la educación es el motor de desarrollo más efectivo que existe. Para el Gobierno, la educación no fue lo suficientemente importante para considerarla una locomotora de su política. No es coherente con la promesa de buscar el desarrollo económico y social de Colombia el mantener en la cartera educativa a una ministra con tan bajo reconocimiento en el sector, que a pesar de superar todos los cambios de gabinete no ha conseguido definir un norte en la política. ¿Cómo puede un presidente convertir a Colombia en un país competitivo, desarrollado y equitativo con una política educativa que está dando tan pobres resultados?
Nadie pide milagros. Todos sabemos que las políticas de calidad educativa se demoran años en madurar y en mostrar resultados medibles. Sabemos desde hace muchos años que Colombia tiene mala calidad educativa y por eso a nadie le extraña el bajo nivel de desarrollo y los altos niveles de inequidad del país. Sin embargo, los resultados de las pruebas Pisa habían mostrado en 2009 que íbamos en el camino correcto. Como ya se había mencionado en las páginas de este diario, un estudio publicado por el Programa de Política en Educación y Gobierno de la Universidad de Harvard calificó a Colombia como el país que había presentado mayor tendencia de mejoramiento en los resultados de las pruebas internacionales entre 49 países analizados, de 1995 a 2009. Es decir, Colombia, a pesar de ocupar los puestos más bajos en el ranquin de Pisa, era el país que más mejoraba con respecto a sí mismo.
De eso, nada queda. Hoy, en Pisa 2012, Colombia presenta disminución de sus resultados con respecto a los logrados en 2009 en las tres áreas evaluadas. El resultado más dramático se presenta en lectura, en el cual nos ubicamos 10 puntos por debajo, mientras que entre 2003 y 2006 habíamos subido 28 puntos. La disminución en matemáticas fue de cinco puntos y en ciencias de dos, frente al incremento ganado en 2009 de 11 y 14 puntos, respectivamente. Estos resultados muestran que, de mantenerse la política educativa actual, la tendencia de mejoramiento que habíamos logrado se perderá por completo.
No es hora de defenderse y llenarse de disculpas y explicaciones. No es hora de saber si a nuestros vecinos les fue bien, igual o peor. Es hora de tomar en serio la educación, haciendo eco del camino a seguir mencionado por los expertos: dar el gran salto hacia la calidad educativa y empezar por reformas estructurales tales como las relacionadas con el mejoramiento de la calidad docente.