Sigue la lucha compleja por protección de la privacidad en el mundo digital. La semana pasada, dos escándalos sacudieron a Facebook y a YouTube, lo que se suma a la larga lista de incidentes que causan preocupación por la existencia de estas empresas que operan como supra-Estados y han funcionado sin ningún tipo de limitación. Además, las protestas en Hong Kong han arrojado luces sobre otro problema creciente: la influencia de China y sus empresas en el mundo digital propone nuevos retos para los derechos de todos los ciudadanos de la red. Estamos ante uno de los problemas más urgentes de nuestra época.
Facebook ha tenido un par de años nefastos. A partir de las revelaciones de Cambridge Analytica, la empresa estadounidense, con más de 2.000 millones de usuarios en todo el mundo, ha sido expuesta como un espacio poco preocupado por la privacidad y por los efectos nocivos que su producto genera en distintos países. Aunque públicamente Mark Zuckerberg ha hecho un mea culpa, la desconfianza global sobre la capacidad de Facebook de estar a la altura de sus responsabilidades es justificada. Justo la semana pasada se supo que una vulnerabilidad en los servidores de la empresa dejó expuestos los números telefónicos de cerca de 419 millones de usuarios. Se trata de una cifra ridícula que demuestra los riesgos latentes de internet.
En su defensa, un vocero de Facebook dijo que “estos datos son viejos y parecen contener información obtenida antes de que hiciéramos cambios el año pasado para remover la capacidad de las personas de encontrar a otros usando sus números de celular”. Incluso si esa es la razón, se trata de una justificación agridulce. Los expertos de TechCrunch, quienes descubrieron esta situación, dijeron que además del número de celular los datos pueden contener “los nombres de los usuarios, su género y su ubicación por país”. ¿Qué tanto daño podría hacer alguien con toda esta información? Esa es la esencia de la discusión y lo que le imprime el sentido de urgencia.
Google tampoco tiene mucho por celebrar. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos y el fiscal general de Nueva York le impusieron una multa de US$170 millones y otras sanciones a YouTube. El motivo es que la plataforma de video de Google violó la ley de privacidad en línea de menores de edad, pues monitoreó la actividad de niños menores de 13 años sin el consentimiento de sus padres y usó esa información para presentarles anuncios personalizados. En otras palabras, ignoró la ley para así mejorar sus ganancias. Una buena síntesis del problema que llevamos años denunciando y discutiendo a propósito de estas empresas.
Tal vez la buena noticia es que la presión social y judicial ha hecho que estas historias se conozcan y que tanto Google como Facebook cambien un poco sus prácticas. Esto, sin embargo, pide que nos fijemos en el otro lado del mundo: ¿qué pasa con las compañías chinas que tienen cada vez más influencia y se crearon dentro de un régimen poco preocupado por la democracia, las libertades individuales y la privacidad? Ante las protestas de Hong Kong se han visto las peores prácticas digitales en juego, desde el reconocimiento facial usado para categorizar a los manifestantes, pasando por el empleo de ejércitos de trolls en redes sociales y terminando en la censura de contenido en China continental. Hace poco se supo que los agentes migratorios chinos instalan una aplicación espía en los celulares de sus visitantes para estudiar todo el contenido de sus celulares. No hemos salido de la primera gran lucha por la privacidad cuando ya se anuncia otra aun más complicada. Debemos estar alerta.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.
Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Por favor, considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.
Manténgase informado sobre las últimas noticias que suceden en Colombia y el mundo, el más completo cubrimiento noticioso todos los días con el periódico El Espectador.