La posesión de los congresistas el viernes pasado dejó al país discutiendo sobre la dignidad del recinto en el que sesionan los parlamentarios, pero todo el debate parece una distracción innecesaria de todos los problemas que enfrenta la Rama Legislativa.
Sí, el senador del Partido Alianza Verde y segundo más votado en el Congreso, Antanas Mockus, repitió lo hecho alguna vez en la Universidad Nacional y se bajó los pantalones para llamar la atención de sus colegas. Ese fue y será, tristemente, el hecho más recordado y discutido de un nuevo Congreso que tiene varias cicatrices encima.
Sobre la situación de Mockus, todas las aristas del debate son lamentables. Por un lado, es difícil reconocer el valor simbólico en un acto a todas luces innecesario, a pesar de que es cierto que los parlamentarios estaban siendo irrespetuosos al ignorar el discurso de Efraín Cepeda, presidente saliente del Senado.
Pero, por el otro, tienen un tufillo oportunista las reacciones airadas de tantos congresistas ante el gesto de Mockus. Desde los que cuestionan, sin sonrojarse, la salud mental del senador (abundaron las referencias a los “plenos cabales”), hasta al mismo Ernesto Macías, nuevo presidente del Senado, quien anunció estar estudiando la manera de disciplinar a Mockus. Ese es el talante de las discusiones del Congreso y ahí se ubican sus prioridades.
Lo anterior es lamentable porque significó que pasaron de agache varias situaciones mucho más problemáticas.
Saúl Cruz fue reelecto como subsecretario del Senado en una elección que demuestra el desinterés del Congreso por estar a la altura moral exigida por la Constitución y la sociedad colombianas. Cruz, infame por haber fingido una agresión por parte de Noticias Uno y luego haber mentido en pleno Senado, acusando a los periodistas de haberlo vulnerado cuando fue él quien se tiró a la cámara, sobrevivió a una inhabilidad de la Procuraduría y vuelve a una posición que ocupa desde hace años. Y aquí no pasó nada. ¿La dignidad del cargo no significa nada para los parlamentarios?
En otros temas, los escándalos de este Congreso lo preceden. El Consejo Nacional Electoral, por ejemplo, tomó la decisión de otorgar credencial a Aída Merlano, senadora electa que está en medio de una investigación en la Corte Suprema de Justicia por presunta compra de votos. Merlano, quien se encuentra recluida en prisión, no pudo posesionarse, pero está planeando acciones legales que le permitan asumir su cargo. Incluso si esto no ocurre, el Partido Conservador, al que pertenece, tiene la posibilidad de conservar la curul, fomentando la irresponsabilidad de los partidos con sus avales.
Como Merlano, no sobra decir, son varios los parlamentarios electos que tienen investigaciones abiertas en la Fiscalía y no se han resuelto.
Todos estos casos son las verdaderas ofensas a la dignidad del Congreso. Pero nuestros parlamentarios se sienten más cómodos discutiendo la mejor manera de sancionar a Antanas Mockus.
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