Ésta fue la declaración de una de las representantes del gobierno israelí durante el pasado fin de semana, ante la indignación de varios sectores de la opinión internacional que han condenado la ocupación por aire y por tierra de la Franja de Gaza. El derecho internacional autoriza el uso de la fuerza en caso de legítima defensa y, por ello, tanto el gobierno israelí como el presidente estadounidense, George W. Bush, han insistido en que la ocupación es una forma de defensa de Israel frente a los ataques liderados por Hamas desde Gaza.
En un territorio del mundo donde aún predomina la ley del más fuerte y donde la comunidad internacional ha hecho tan poco para asegurarse de que el más fuerte (Israel) cumpla con el derecho internacional, hablar de quién lo cumple y quién no resulta casi una ironía. Por ejemplo, un ataque por tierra y por aire de la naturaleza del que ha tenido lugar durante las últimas dos semanas difícilmente puede pretender diferenciar con precisión civiles de militantes de Hamas. Distinción que tampoco, vale decirlo, ha tenido Hamas en sus ataques a Israel.
En esta guerra actual sin sentido y sin proporción, ya han sido asesinados 905 palestinos, entre ellos 284 niños y aproximadamente 100 mujeres. Los medios internacionales han reseñado una y otra vez cómo las fuerzas armadas israelíes anuncian su llegada y piden a la población civil abandonar sus áreas, y al mismo tiempo cierran los checkpoints en donde las fuerzas israelíes constantemente vigilan y registran el movimiento de ciudadanos palestinos, dejándolos virtualmente atrapados en medio del fuego y los bombardeos. Israel, por supuesto, también ha aportado su cuota sustancial de muertos, más reducida en la medida en que su densidad poblacional es menor y su infraestructura para resistir los ataques de Hamas es mucho más sofisticada.
Pero la ley del más fuerte también le ha otorgado una gran ventaja mediática a Israel. Este país prohibió la entrada de corresponsales internacionales a Gaza y ello ha dificultado la circulación de la información desde la zona de guerra. Todo lo que se observa a través de los medios occidentales son bombardeos a larga distancia, en una versión aterradoramente irreal donde pareciera que sólo sufren los edificios. El único canal donde se puede observar a las víctimas hablar es Al Jazeera: allí es posible ver las caras de los niños que han sido atacados en sus colegios o en los refugios. Es uno de los pocos lugares donde la guerra finalmente adopta un rostro humano.
Entre tanto, los esfuerzos diplomáticos en El Cairo siguen sin producir los efectos deseados. Estados Unidos, en medio de su transición presidencial, ha optado por apoyar verbalmente a Israel y dejar que la guerra siga su curso. El entrante presidente Obama promete que tendrá mucho que decir sobre el tema después del 20 de enero, día de su posesión. Amanecerá y veremos.
Entre tanto, Israel ha aprovechado la situación de interinidad en Estados Unidos y ya ha iniciado una segunda fase de su invasión terrestre este fin de semana que acaba de pasar. Ello implicará la presencia de reservistas israelíes en Gaza y una inmersión aún más urbana de las tropas. Incluso se especula la implementación de una tercera fase. Israel sugiere que hasta que no erradique la posibilidad de que Hamas siga lanzando cohetes a algunas poblaciones fronterizas en Israel, no dará por terminada la ocupación.
Y claro, la duda que asalta a todo el mundo es justamente si dicha erradicación es posible, y si no, qué posibilidades existen de que un acto de defensa se convierta en un nuevo acto de ocupación por parte de Israel. La encrucijada para el mundo está planteada, y las soluciones de la diplomacia, difíciles de alcanzar pero muy necesarias de ser planteadas.