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La gravedad de un despropósito

LOS NUEVE MUERTOS RECONOCIdos hasta ahora...

01 de junio de 2010 - 06:35 p. m.
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LOS NUEVE MUERTOS RECONOCIdos hasta ahora, los cerca de cuarenta heridos —entre ellos seis soldados israelíes—, la detención de algunos activistas y la retención temporal de las naves y su carga son el resultado inmediato de un sangriento abordaje llevado a cabo por fuerzas élite del ejército de Israel contra una flotilla humanitaria que pretendía romper el bloqueo que dicho país mantiene contra la Franja de Gaza. Pareciera una de esas acciones destinadas a quedar mal con casi todo el mundo.

El tema podría verse de una forma coyuntural, para analizar qué tipo de justificación tiene un incidente de esta magnitud, o, mejor aún, ir más allá y poder apreciar la situación dentro de la complejidad de los fallidos diálogos de paz entre palestinos e israelíes. En ambos casos, el gobierno de Benjamín Netanyahu queda mal parado.

Si se analiza lo ocurrido, son pocos los argumentos a favor que puede esgrimir Israel. Se seguirá insistiendo en que los organizadores turcos del convoy pertenecen a una ONG vinculada con Al Qaeda, que lo que transportaban no eran solamente alimentos y medicinas, sino armas, y que quienes se encontraban a bordo eran personas violentas, y no pacifistas. La verdad sólo se podrá conocer cuando la Comisión de la Verdad, solicitada por Naciones Unidas, emita su informe final. Sin embargo, a primera vista, al menos los dos últimos argumentos no tienen mayor sustento. La acción se llevó a cabo en aguas internacionales, contrariando las disposiciones jurídicas que rigen la materia. Por otro lado, y por lo que muestran las imágenes, en el buque Mavi Marmara hubo un enfrentamiento entre algunos de los tripulantes, con palos y navajas, y los soldados, lo cual no justifica la desproporción de la respuesta armada, que es la que a la postre causa el alto número de víctimas. Lo que sí queda claro es que el objetivo cierto era el de impedir que el convoy rompiera el bloqueo.

Israel, y el pueblo judío, tienen el legítimo derecho a contar con un Estado seguro dentro de las fronteras señaladas por Naciones Unidas. Pero los palestinos también. Sin embargo, los enfoques que asumen los representantes de las alas radicales, en ambos lados, han llevado a que las posiciones se hagan cada vez más irreconciliables. En este escenario de confrontación, los islamistas fanáticos de Hamas ganaron hace varios años las elecciones en la Franja de Gaza, lo que agudizó el conflicto y llevó al nada efectivo e inhumano bloqueo de cerca de dos millones de personas.

Netanyahu vive un momento difícil. Su relación con Barack Obama no ha sido la mejor. Washington decidió enviar a George Mitchell a la región para que, mediante un trabajo de filigrana, lograra que las partes retomaran el diálogo directo, lo que se anunciaría ayer martes en Washington. Sin embargo, la crisis dio al traste con todo y ahora se convierte en un revés para Obama. Asimismo, queda herida de muerte la relación de Israel con Turquía, su mayor aliado regional; se vuelve a indisponer con la Unión Europea y, lo peor, sigue creando mártires dentro de los cientos de jóvenes palestinos que creen que con sus acciones terroristas van a cambiar las cosas en el Medio Oriente. No es gratuito que se esté hablando de una indeseable nueva Intifada —levantamiento— palestina contra Israel.

Así las cosas, los radicales de Hamas deben estar regodeándose con los últimos acontecimientos, al menos de labios para adentro, pues los últimos hechos les dan una oportunidad de oro para reivindicar su causa, al colocar de nuevo la Franja de Gaza ante la opinión pública mundial. Pierde espacio Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, quien representa al ala moderada más proclive al diálogo. Una vez más, la insensatez se abre camino, y en medio de tanto absurdo la única que pierde, por todos lados, es la ansiada paz para el Medio Oriente.

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