TODOS LOS INVOLUCRADOS EN EL desastre de Viva Air, comenzando por la compañía, pasando por Avianca y sus cuestionables estrategias para comprarla y terminando en la Aeronáutica Civil (Aerocivil), que ha demorado innecesariamente su respuesta sobre la posible integración, tienen la culpa de que miles de pasajeros se quedaran atrapados esta semana en los aeropuertos del país. En medio del entramado empresarial, sufren las personas que confían en las empresas de un mercado con baja competencia y peores indicadores de calidad. Es urgente la reparación a las víctimas y las respuestas al país sobre qué ha ocurrido detrás de la caída de la aerolínea de bajo costo.
La versión de Viva Air es la misma que viene defendiendo hace más de un año: que están quebrados y lo único que podía salvarlos es una integración con Avianca. En Blu Radio, Francisco Lalinde, presidente de Viva, dijo ayer: “No le estamos pidiendo al Gobierno que nos diga si va a decir sí o no, pero que nos diga en qué tiempo van a tomar esa decisión. Y ante la incertidumbre decidimos parar la operación”. Según Lalinde, están guardando los recursos en caso de tener que liquidar a sus empleados.
Sin embargo, esa situación no explica la manera abrupta e irresponsable que siguió la aerolínea para suspender operaciones. Las personas se quedaron sin vuelos a pocas horas de abordar, también hubo venta de pasajes y no se presentó un plan para evitar el traumatismo predecible. Da la sensación de que Viva dejó tirado un servicio público esencial y, además, que lo hizo con fines que van más allá de los palpables.
El lunes, Blu Radio publicó los documentos en posesión de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) que probarían, según la misma SIC, que entre Avianca y Viva hubo una integración de facto que intentaron ocultar de los reguladores. Esa situación arroja un manto de duda sobre todo lo que está pasando. ¿Estamos, acaso, ante una estrategia indebida de presión? Si es así, las sanciones tienen que llegar y la entidad reguladora debe contarle pronto al país qué fue lo que pasó.
El ministro de Transporte, Guillermo Reyes, no cree que eso sea lo que ocurre. “Más que una presión para la integración, entiendo que la situación económica de Viva no es fácil y, por supuesto, esto lleva a que ellos presionen a una decisión, que es lo que nosotros también hemos venido impulsando”, dijo. Si bien no compartimos su lectura, el funcionario tiene razón en algo: la Aerocivil necesita decidir cuanto antes sobre la posible integración entre Avianca y Viva.
Ya hubo una decisión negativa en noviembre del año pasado, pero este año volvieron a abrir el caso diciendo que hubo irregularidades. Ahora, con la aceptación de terceros interesados, se demorará aún más la decisión final. La Aerocivil debe actuar con sentido de urgencia, sea cual fuere el resultado final del proceso, para que los colombianos puedan entender cómo va a quedar configurado el mercado aéreo. Eso sí, hay algo que no debe olvidarse: más competencia es mejor para los usuarios que un monopolio nacional.
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