Llegamos al Día Internacional de la Niña, que se celebra hoy, con cifras escalofriantes. Las niñas colombianas siguen bajo asedio. Son víctimas de violencia sexual en sus casas, en los colegios y en las calles. Enfrentan obstáculos estructurales para poder conseguir la igualdad, expresarse libremente y desarrollar sus proyectos de vida sin injerencias. Seguimos siendo un país que no les presta atención a sus necesidades; que, pese a los discursos rimbombantes de los líderes políticos, no parece tener soluciones para empoderar a las niñas y adolescentes. Esto está llevando a un deterioro preocupante de la salud mental y a que las tragedias se acumulen mientras persiste la impunidad.
No estamos exagerando. El Observatorio Contando lo Invisible, de la Fundación Plan, especializado en rastrear la violencia contra las niñas en Colombia, tiene una colección de datos alarmantes. Cuentan, por ejemplo, que 298 niñas y mujeres adolescentes fueron víctimas de feminicidio entre 2015 y septiembre del 2023. También denuncian que en el tiempo que dura un partido de fútbol unas cinco niñas entre cero y 17 años están siendo abusadas sexualmente en Colombia. En total, 32.248 niñas entre los 10 y 14 años están en uniones tempranas forzadas y el año pasado 11 niñas entre 10 y 14 años tuvieron un parto producto de un abuso sexual. En cuanto a la población migrante, que está en particular estado de vulnerabilidad, el Observatorio encontró que hubo 4.331 denuncias por delitos sexuales contra niñas de nacionalidad venezolana entre cero y 17 años desde 2015 hasta septiembre de 2023. ¿Qué hacemos con tanto horror?
Tenemos, además, indicios de que este ambiente generalizado de violencia y agresión acarrea serios problemas de salud mental. Un estudio reciente de la Universidad Nacional con cifras de la Secretaría de Educación de Bogotá, que reseñó esta semana El Espectador, informó que el 58,2 % de los 2.301 casos de agresión en colegios distritales fueron reportados por mujeres menores de 18 años. Esto, en el marco de los 775 casos de conducta suicida en menores de 12 a 17 años reportados en lo que va corrido del 2023. Como le explicó la psicóloga Stefany Aldana a este diario, “las mujeres son una población más proclive a sufrir problemas de salud mental. El embarazo adolescente es un agente importante a tener en cuenta. También hay que considerar la cultura machista de los hogares, en donde las niñas deben cuidar a los hermanos y encargarse de las tareas domésticas mientras estudian”.
Entonces, si juntamos las cifras de la Fundación Plan sobre violencia, uniones forzadas y partos producto de abuso sexual con los informes sobre salud mental en los colegios, llegamos a un panorama desolador sobre la situación de nuestras niñas y adolescentes. Si no hay una política pública ambiciosa e integral que enfrente el problema de raíz, año tras año seguiremos compartiendo datos similares.
Las niñas y adolescentes colombianas necesitan y merecen el apoyo del Estado, sus colegios y sus familias. Creemos, como dice la Fundación Plan, que podemos construir un país para las niñas, pero hay que tomar acciones urgentes.
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