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Liberándonos del atraso

EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX se desarrollaron métodos anticonceptivos eficaces y seguros que por primera vez en la historia permitieron llevar las expectativas reproductivas a la práctica.

29 de octubre de 2010 - 06:00 p. m.
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Sin embargo, los logros en las técnicas de planificación han encontrado a lo largo de los años espinosas barreras en sociedades que, como la colombiana, entorpecen su difusión. El temor injustificado a los efectos de los métodos, el machismo campante y extendido, la inexistencia de servicios, costos o barreras de información, además de la ferviente oposición de ciertas iglesias como la Católica, han hecho que todavía hoy, 60 años después del perfeccionamiento de las técnicas, dos de cada tres embarazos en el país sigan sin ser deseados. Cifra vergonzosa y preocupante, pues no sólo está detrás de la reproducción de la violencia y la pobreza, sino también del maltrato a las mujeres tanto por sus parejas como por aquellos que les practican, en la clandestinidad y las más de las veces en las peores condiciones, los abortos.

Por fortuna, el presidente Juan Manuel Santos entendió lo aterrador del problema y sancionó hace diez días la Ley 1412, objetada en su momento por el ex presidente Uribe. De ahora en adelante, y sin perjuicio de los costos, Colombia garantizará de forma gratuita la práctica de ligadura de trompas y vasectomía a todo mayor de edad que así lo desee. Lo único que se requiere es la solicitud por escrito a alguna entidad prestadora de salud y el Fosyga cubrirá la cuenta en caso de que la persona no se encuentre afiliada a ningún régimen. Además, la Ley decreta que las personas que se sometan a estas intervenciones tendrán derecho a recibir incapacidad laboral garantizando la recuperación de su salud y, para que el conocimiento  sea completo, ordena a los médicos encargados de realizar el procedimiento, explicar la naturaleza, implicaciones y beneficios de la práctica realizada, así como las alternativas de utilización de otros métodos anticonceptivos.

Con la aprobación de la Ley, además de frenarse el número de embarazos no deseados en los estratos más bajos, que son los que presentan las mayores dificultades para pagar por los procedimientos, se busca que   reversar la idea de que la responsabilidad de las consecuencias del sexo es exclusiva de la mujer. Como lo dijo el senador Samuel Arrieta, uno de los ponentes de la iniciativa, “por registros de salud en 2009 se realizaron en Colombia unas 700 vasectomías; se espera que después de la implementación de la Ley, al menos 10.000 hombres se la practiquen cada año”. Si esto se logra, y si se aumenta el número de ligaduras, que ya se registra en 8.000 anuales, los efectos van a ser notables. En especial, porque además de eliminar la barrera económica y de información, la ley ayudará también a eliminar los tabús alrededor de la anticoncepción y la libertad de traer o no hijos al mundo.

Es inconcebible, por ejemplo, que a estas alturas todavía la Iglesia Católica satanice los avances en la ciencia e invite a la población a practicar los más inefectivos y arcaicos métodos de planificación. Frente a la recién sancionada Ley, monseñor Juan Vicente Córdoba, secretario general de la Conferencia Episcopal y vocero de la Iglesia en el país, sancionó lo que él consideró “mutilación del cuerpo” y aseguró que para eso tenemos “el ‘método del ritmo’ (o que las mujeres eviten mantener relaciones sexuales durante sus días al mes de mayor fertilidad), que es maravilloso y es natural”. Ante tal declaración, lo que haya por decir sobra. No así, en cambio, celebrar el avance del Congreso y el Gobierno, que si bien no será definitivo, es un paso importante que abre, además de puertas, los ojos.

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