Mientras tanto, lo urgente pasa por suministrar comida, servicios básicos y combustible a sus seis millones de habitantes.
Un alto funcionario alemán reconocía que Occidente se había equivocado con respecto a la situación de Gadafi en tres ocasiones recientes: hace seis meses, al subvalorar su capacidad de reacción cuando se iniciaron las revueltas; luego, al sobrevalorar su fuerza, y ahora, al pensar que la toma de Trípoli por parte de los rebeldes era el final del coronel. Dentro de esta confusión y caos aparecen noticias falsas como el fiasco de la captura de los hijos del dictador o las verdaderas y condenables de que los insurgentes han cometido atrocidades como ajusticiamientos y linchamientos de enemigos, equiparándose con los leales al coronel.
Así las cosas, las preguntas inmediatas que surgen y el interés de la opinión pública, interna y mundial se centran en la suerte de Gadafi y las especulaciones sobre lo que pueda pasar a corto y mediano plazo mientras dicho hecho se decide. Tras su retiro de Trípoli, las tropas gadafistas se han concentrado en las inmediaciones de Sirte, ciudad natal del dictador, donde el CNT hace esfuerzos urgentes para lograr la rendición de la plaza y no sufrir una experiencia similar o peor a la de la capital. Incluso se habla del retiro táctico hacia las zonas montañosas o desérticas de unidades militares del régimen que podrían iniciar desde allí una guerra de guerrillas. Por ahora todo son especulaciones que tan sólo podrán ser corroboradas con el paso de estos cruciales días venideros.
Sin embargo, el tema central es el reto del nuevo Estado que debe surgir de este proceso revolucionario que ha dado al traste con 41 años de férrea dictadura. A diferencia de Egipto y Túnez, donde existían instituciones y algunos partidos minoritarios con cierta estructura, en Libia todo está por hacer. La situación, por lo tanto, se asemeja más a la de Irak. Libia cuenta con un gran número de tribus que podrían jugar un esencial papel de cohesión social en este proceso de armar un país, apoyándose asimismo en su condición de sociedad islámica, mas no radical. De hecho, el temor inicial de que este proceso fuera aprovechado por los fundamentalistas ha quedado desestimado.
Es aquí donde radica la importancia del CNT, que opera como una suerte de Asamblea conformada por unas 50 personas que han sido elegidas dentro de sus comunidades. De la misma hace parte una variopinta gama de representantes que van desde altos funcionarios del anterior régimen que saltaron la talanquera hacia el otro bando en el momento indicado, hasta opositores que regresaron del exilio con las revueltas. De este grupo se nombraron 17 personalidades que ejercen temporalmente las funciones de un Comité Ejecutivo que funge como gobierno y que ha trazado una hoja de ruta hacia un proceso electoral constituyente en ocho meses. En el mismo sobresalen Mustafá Abdel Yalil, presidente transitorio del CNT, y Mahmud Yibril, primer ministro y jefe diplomático.
De momento el CNT ha logrado éxitos diplomáticos importantes al ser reconocido como interlocutor válido por la ONU y un gran número de países, entre ellos Colombia. La Liga Árabe acaba de recibirlos en su seno, y se está adelantando un proceso urgente para descongelar los bienes incautados a Gadafi y que dicho dinero llegue a la brevedad posible a Libia, tanto para continuar con la ofensiva militar como para el abastecimiento de alimentos y suministro de servicios. Será esta, pues, una transición compleja pero decisiva para el futuro de la nueva Libia.