En medio del escándalo que despertaron los audios del “Ñeñe” Hernández, el Centro Democrático (CD) publicó un comunicado extraño e irresponsable. Para el partido de gobierno, lo más preocupante en esta coyuntura que involucra a personas cercanas al expresidente y senador Álvaro Uribe, así como a la campaña del presidente Iván Duque, es la “estrategia organizada, coordinada, agresiva y persistente” contra el Gobierno. ¿En qué momento investigar sobre posibles crímenes se convirtió en un acto antigobiernista?
Todo lo que ha rodeado el caso de “Ñeñe” Hernández es problemático. La Fiscalía tenía en su poder los audios y en ningún momento consideró relevante para el país investigar una posible compra de votos que habría beneficiado a la campaña triunfadora en las pasadas elecciones presidenciales. Además, hace poco se supo que al parecer Hernández, quien ha sido señalado de ser testaferro del narcotráfico, estaba hablando con María Claudia Daza y Priscila Cabrales, personas muy cercanas al uribismo. Daza hacía parte de la Unidad de Trabajo Legislativo del senador Uribe hasta que presentó su renuncia por este escándalo. Su hija, se supo, había sido nombrada como auxiliar administrativa en el Consulado de Miami.
En pocas palabras, un presunto colaborador del narcotráfico que tiene fotografías compartiendo con la élite política nacional, incluyendo al presidente, fue descubierto hablando de comprar votos con personas que trabajaban directamente con el partido de gobierno. ¿Cómo no pedir respuestas al respecto y solicitar investigaciones eficientes?
Por eso es tan extraño que el CD pretenda que los reflectores cambien de foco de atención. Dice el partido de gobierno que la estrategia mezquina está siendo orquestada por “personas y organizaciones, en su mayoría vinculadas con la izquierda colombiana”, quienes cuentan con el apoyo de “periodistas y medios de comunicación, nacionales y extranjeros, que participan intensivamente en redes sociales”. También denuncia el “envilecimiento del discurso público, la infamia y la calumnia como herramienta política, el uso del ámbito judicial, como fuente de desprestigio, son amenazas muy graves contra nuestra institucionalidad y contra la democracia”. Concluyen que todo esto “debe de mover a la reflexión y a la acción a los colombianos”.
Lo que sí debería mover a la reflexión a los colombianos es por qué el partido de gobierno, que ganó las elecciones y llegó a la Presidencia, que hizo eficaz oposición durante la administración pasada, que ha tenido el poder de influir en los rumbos del país, siente la necesidad de buscar explicaciones retorcidas en lugar de tomar el toro por los cuernos. Decir que hay un complot en vez de reconocer que pudieron haber ocurrido crímenes y exigir respuestas es buscar envenenar el pozo. Es contradictorio rechazar el envilecimiento del discurso público en un comunicado que, al mismo tiempo, estigmatiza a la izquierda y cuestiona la labor de los periodistas que han dado a conocer este escándalo. No sobra recordar que es una mancha en la labor de la Fiscalía que esta situación se haya tenido que dar a conocer en los medios de comunicación porque el ente investigador no la consideró relevante de profundización.
Al CD le corresponde liderar las investigaciones y pedir que se aclare todo cuanto antes, no escudarse en teorías de la conspiración.
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