Una investigación interna, llevada a cabo dentro de la orden de los Legionarios de Cristo, arrojó datos escandalosos: entre 1941 y 2019 sus sacerdotes abusaron de al menos 175 menores. Solo Marcial Maciel, su fundador, es responsable de 60 casos. El informe, a pesar de los hallazgos, es considerado como tardío, incompleto y ha sido señalado de estar encubriendo a quienes cometieron estos repudiables delitos. Todavía queda demasiada verdad por saberse, así como sanción a los responsables y reparación para las víctimas.
Este espinoso tema, sobre el que debería haber absoluta claridad y transparencia, continúa enfrentando obstáculos dentro de la Iglesia. Hay que hacer un especial reconocimiento a la buena voluntad del papa Francisco por frenar esta práctica y castigar a los responsables. Su reciente decisión de eliminar el secreto pontificio en los casos de denuncias de abusos sexuales es un paso importante en la dirección correcta. Sin embargo, el descrédito de la Iglesia católica requiere medidas más radicales para que se conozca toda la verdad y que quienes perpetraron estos delitos respondan judicialmente.
El caso de los Legionarios de Cristo es más que diciente. Lo que ha sucedido desde su creación, hace 78 años, es el mejor ejemplo de lo que no debería ser una congregación religiosa. En vez de dar la cara y aceptar los daños ocasionados por curas pederastas, prefirieron mirar para otro lado no dándoles credibilidad a las denuncias ni a los testimonios recibidos. Si las víctimas insistían en sus señalamientos y llegaban a acudir a las autoridades civiles, eran descalificadas y sometidas al escarnio público. En algunos casos se les compensaba con dinero para comprar su silencio.
Lo cierto es que las más altas esferas de la Iglesia en el Vaticano tenían perfecto conocimiento de lo que estaba sucediendo. Durante el papado de Juan Pablo II, órdenes como los Legionarios de Cristo obtuvieron un primer nivel de favoritismo. Según los conocedores, Maciel y sus legionarios fueron parte de la cruzada anticomunista de Karol Wojtyla, lo que los blindó frente a eventuales señalamientos de abusos sexuales. Fue el cardenal Antonio Sodano quien se convirtió en principal defensor de Marcial Maciel, ya que lo consideraba un santo en vida. De allí que cuando el papa Benedicto XVI ordenó una amplia investigación sobre el tema, el legionario mayor fue finalmente condenado, mas no expulsado de la Iglesia. En estos días el papa Francisco logró la renuncia de Antonio Sodano, de 92 años, y quien siempre insistió que las denuncias generales por pederastia no eran más que chismes.
El reciente informe dado a conocer sobre los legionarios adolece de fallas evidentes que han sido mencionadas. No da los nombres de los sacerdotes implicados en los casos de pederastia, ni su ubicación actual o la opción de saber si han respondido ante las autoridades por los delitos imputados. Al respecto, el cardenal de Monterrey y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Rogelio Cabrera López, dijo que “es inexplicable que esta historia delictiva no se haya dado a conocer en más de 70 años. (Hay un) silencio delictivo muy grave (que vincula) a las autoridades en el Vaticano, los gobernantes que tuvieron noticias de estos, los mismos miembros de la Legión que no informaron o que no les permitieron informar”. De hecho, de los 33 curas involucrados en abusos sexuales, 14 fueron abusados dentro de la propia congregación, es decir, que pasaron de ser víctimas a ser victimarios. De otro lado, 18 de los 33 señalados continúan dentro de los Legionarios.
En Colombia este tema no puede seguir siendo tabú. Se han hecho algunas acusaciones en los medios de comunicación y está el valioso libro del periodista Juan Pablo Barrientos, Dejad que los niños vengan a mí, con señalamientos a un alto prelado de Medellín. Falta mucho por conocerse en el país frente a esta práctica atroz que les hace gran daño, además de las víctimas, a la Iglesia y a su feligresía.
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