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Los tentáculos de Odebrecht

El escándalo más grande de corrupción en América Latina no puede terminar, en Colombia, con unos pocos implicados y preguntas sin responder. La claridad es esencial.

08 de febrero de 2017 - 11:13 p. m.
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Era apenas lógico que, en medio de una campaña presidencial cerrada y sin un ganador fijo, la multinacional Odebrecht, en su avalancha de sobornos a lo largo y ancho de América Latina, intentara quedar en buenos términos con ambos aspirantes. A las preocupantes confesiones en torno a una presunta financiación de la constructora al asesor de la campaña de Óscar Iván Zuluaga se suman ahora las sospechas sobre dineros que, según el procesado Otto Bula, fueron a la campaña de reelección del presidente Juan Manuel Santos. Son varios los comentarios pertinentes en un caso que necesita respuestas completas.

Lo primero es que fue irresponsable y lamentable la respuesta del secretario de la Transparencia, Camilo Enciso, al utilizar la primera respuesta oficial del Gobierno para culpar a la oposición de estar orquestando un complot contra el presidente Juan Manuel Santos. ¿En qué se diferencia esa estrategia, que sin aportar pruebas enloda el ejercicio de la justicia, de las actitudes del Centro Democrático que han sido tan cuestionadas por el mismo Gobierno? ¿Hasta cuándo en el país todos los escándalos van a ser tildados de “persecución”? Más preocupante aún que se haga desde el mismo Estado y se perpetúe esa manera de enfrentar los procesos.

No puede pretender el Gobierno sacudirse de inmediato de las dudas que se presentan en este caso deslegitimando el testimonio de Bula, por muy bandido que éste sea. Mejor fue, en ese sentido, la declaración del presidente Santos en su cuenta de Twitter al pedir “una investigación a fondo lo más rápido posible para que salga a la luz pública toda la verdad en caso Odebrecht”. Sobre todo porque, como bien lo explicó el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, hay prueba de que el millón de dólares del que habla el exsenador procesado sí entró al país: “Se conoce que —dijo el fiscal— esos flujos financieros de Odebrecht y que vinieron desde Brasil en efecto llegaron a Colombia y se monetizaron”. Sobre lo que sólo hay evidencia circunstancial es que ese dinero llegó a la campaña Santos Presidente.

Por eso, la remisión del caso al Consejo Nacional Electoral por un posible delito electoral era la medida indicada. Esperamos que esa entidad, de naturaleza política, demuestre independencia y capacidad de llegar verdaderamente al fondo del caso para que el país entienda lo que sucedió.

La inicial, porque la Fiscalía debe continuar liderando la investigación sobre Odebrecht, y los hechos relacionados con esta denuncia no pueden salir de su radar pues, como también lo dijo el fiscal Martínez, están involucrados otros posibles delitos, como lavado de activos o enriquecimiento ilícito.

Las autoridades nacionales tienen el reto de demostrar que tienen la capacidad y el compromiso de encontrar a todos los responsables. El escándalo más grande de corrupción en América Latina no puede terminar, en Colombia, con unos pocos implicados y preguntas sin responder. La claridad es esencial.

Finalmente, si bien este escándalo se ha mantenido girando sobre los intereses políticos, con sus líderes concentrados en la designación de responsabilidades de sus contrarios, en realidad se trata de un recordatorio más de que no basta salir a condenar la corrupción y luego lavarse las manos. La sintomatología del país apunta a un sistema de corrupción estructural amarrado al ejercicio legítimo de la gobernanza, y para depurarlo, además de los discursos altisonantes, es fundamental enfrentar las verdades difíciles y tomar medidas serias para garantizar la transparencia y obstaculizar a quienes han construido sus capitales políticos alrededor de la feria de contratos estatales. Entender que aprovecharse de ese esquema para ganar elecciones no es más que una participación en la corrupción, aun si no se roban un peso, sería un buen comienzo para romper el círculo.

Aunque todavía falta descubrir el alcance de los tentáculos de Odebrecht en Colombia, no hay excusas para que este caso no sirva de punto de inflexión en la historia del país y en la lucha anticorrupción.

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