La designación de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez como nueva ministra de Relaciones Exteriores es, en principio, una buena noticia. En medio de la muy compleja situación que está viviendo el país y las evidentes falencias de la excanciller Claudia Blum, era indispensable tener al frente de la política exterior a una persona experimentada y con habilidad para moverse en escenarios internacionales. Sin embargo, los retos que tiene esta importante cartera son muchos, más aún en este momento. Un primer paso en el sentido correcto sería autorizar de inmediato la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la OEA, tal y como fue solicitada hace una semana.
El Gobierno del presidente Iván Duque debe entender que es necesario un timonazo interno e internacional. En sus palabras de presentación de Marta Lucía Ramírez dijo que le solicitó, entre otras tareas, ejercer la representación del país en los espacios multilaterales, “donde nosotros queremos reafirmar no solamente el talante democrático de nuestro país, sino también la convicción de ser un país siempre respetuoso de los derechos humanos y siempre volcado a la defensa irrestricta de los valores democráticos”. Para lograrlo, no basta la buena voluntad si no hay hechos y cifras ciertos, verificables, que permitan demostrar la dimensión y la realidad de la situación actual del país.
El primer viaje de la canciller será a Estados Unidos. Es una decisión acertada y en mora de llevarse a cabo. El daño que se le hizo a la relación bilateral es evidente, así exista un vínculo formal con la Casa Blanca. Colombia es un aliado estratégico del país del norte, nadie lo pone en duda, pero hizo mella la forma equivocada en que la actual administración, la Embajada en Washington, así como la bancada del Centro Democrático se jugaron por Donald Trump. Va a ser más difícil enmendar las cosas con el Congreso, donde los demócratas tienen mayoría y se aprueba el presupuesto de ayuda al país. Temas como los derechos humanos, los asesinatos de líderes sociales, la implementación del Acuerdo de Paz y los desplantes recibidos durante cuatro años no quedarán debajo de la mesa.
De otro lado, ante la ONU y la OEA, que han expresado su preocupación por lo que sucede en el país y condenado el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía, hay que presentar hechos verificados. Dichos organismos observan con cuidado la real independencia de poderes en Colombia, dada la cercanía de la Fiscalía, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo con el Gobierno. Ante esta realidad y dada la solicitud formal de la CIDH para que el Gobierno autorice una urgente visita sobre el terreno, se sigue sin recibir respuesta por parte de la Casa de Nariño. Debería hacerse sin más dilación, no solo para que se tenga una visión imparcial de lo que sucede, sino para que no nos equiparen a países como Venezuela, Nicaragua o Cuba, que no permiten el ingreso de la Comisión a sus territorios.
Igualmente, entre los temas con los que tendrá que lidiar en este año y medio Marta Lucía Ramírez está la compleja situación con Venezuela, que amerita una revisión en cuanto a la estrategia que ha seguido el país frente a la dictadura de Nicolás Maduro. En especial, luego de las últimas decisiones de Juan Guaidó de intentar un nuevo acercamiento con el régimen, contando con el beneplácito de Washington. Además, el año entrante se conocerán los fallos de la Corte Internacional de Justicia frente a las dos demandas que interpuso Nicaragua contra Colombia y que podrían tener resultados adversos en el Caribe. Así las cosas, la vicepresidenta y canciller tendrá grandes retos que sortear en los meses por venir, comenzando desde este mismo momento.
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