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Más detalles sobre la injusticia en el fútbol femenino

01 de abril de 2019 - 12:00 a. m.
El exdirector técnico de la selección femenina de fútbol, Felipe Taborda, ha sido acusado de tratos indignos. / Foto: Cristian Garavito – El Espectador
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Debemos insistir. Documentos revisados por El Espectador y dados a conocer en la edición del pasado domingo siguen demostrando las profundas injusticias que se han cometido contra las futbolistas de la selección Colombia. Las respuestas que ha dado la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) son insuficientes, su responsabilidad es evidente y se trata de un escándalo que no puede pasar sin consecuencias.

Los archivos, que fueron presentados ante la FCF y otras autoridades, incluyendo la Defensoría del Pueblo, muestran con suficiente ilustración que el trato que han recibido nuestras futbolistas es denigrante, inaceptable y debería avergonzar a las autoridades del fútbol colombiano.

Fueron, en total, 16 jugadoras de la Selección las que aportaron pruebas de irregularidades. En ellas se ve cómo, por ejemplo, la FCF les dejó de pagar viáticos en las concentraciones, el cuerpo médico no contaba con equipos para atender lesiones sufridas en entrenamientos y el gimnasio de la FCF en Bogotá no estaba dotado de máquinas, a diferencia del equipo masculino.

Además, afirman que existieron convocatorias paralelas realizadas por el director técnico, Felipe Taborda. Según los testimonios, el técnico les pedía una consignación a su cuenta personal por costos de hospedaje y alimentación. Cuando alguien lo criticaba por su forma de manejar el equipo, el técnico las quitaba de la nómina.

También obran en el expediente tiquetes internacionales que las futbolistas tuvieron que comprar con dinero de su bolsillo para viajar a Colombia con el fin de atender las distintas convocatorias.

En síntesis, parece muy claro que la FCF permitió que la selección femenina se administrara como liderada por dictadorzuelos de barrio, extorsionando a las jugadoras, irrespetando sus derechos mínimos y demostrando el machismo que está enraizado en las directivas del fútbol nacional. Eso no lo soluciona un acuerdo blando con la vicepresidenta.

También es de lamentar que, ante los hechos tan graves que se siguen denunciando, los jugadores de la selección masculina solo hayan publicado un comunicado tibio respaldando a las deportistas. Ellos, que claramente son la joya de la corona que le interesa a la FCF, deberían utilizar su privilegio para exigir cambios tangibles y utilizar sus plataformas públicas para hacer críticas que se escuchen.

Es claro que muchos quieren que este escándalo abandone los titulares. Ya la era de Carlos Queiroz inició y le están apostando a que los aficionados tengan memoria corta. Pero lo que está en juego es la carrera de una generación entera de futbolistas, así como los valores que se supone que la selección le enseña a toda la sociedad.

Necesitamos mejores respuestas por parte de la FCF, que incluyan medidas de reparación, no repetición y que garanticen el futuro del fútbol femenino en el país. No es momento de abandonar a las superpoderosas.

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