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Más ideología, menos nombres

El uribismo está molesto: el Consejo Nacional Electoral (CNE) volvió a negarle el aval para que use en su logotipo una alusión al expresidente Álvaro Uribe Vélez, líder natural de ese grupo y cabeza de lista en el Senado.

14 de enero de 2014 - 06:00 p. m.
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Dice el abogado del movimiento, Felipe García Echeverri, que el CNE persigue al uribismo y que por eso no lo deja usar su imagen como mejor le convenga. La entidad, por su parte, argumenta otra cosa bien distinta: “constituye una vulneración a derechos fundamentales de los demás participantes en la misma contienda electoral, tales como el de la igualdad, a elegir y ser elegido, al derecho al voto”. Suena razonable. Ante esto, sin embargo, el equipo jurídico del partido anunció que interpondría una acción de tutela en contra del CNE, por negarse a registrar el logotipo de la colectividad.

Este caso comporta varios elementos. Primero, entonces, vamos a lo que se expone en el fallo: lo filosófico, que cuenta. La política electoral de Colombia, lo hemos dicho, se caracteriza por dar un exagerado protagonismo a los hombres, muy por encima del liderazgo de las ideas. Eso ha sido así siempre. Este es un país que vota por personajes: no importa la filiación política, no importan los principios del partido que representa, no importa que se cambie de uno a otro sin cesar. No importa, incluso, si es el hijo de otro, mientras tenga capital electoral importan muy poco las ideas que defienda. Ese cambio al vaivén de las circunstancias es poco castigado en Colombia, además. Los votantes lo perdonan por más controles que haya. Eso, por supuesto, en pleno año electoral, debe cambiar.

Una forma de corregir esta conducta es con decisiones como las del CNE: no permitir que el protagonismo se lo lleve un hombre. Debe ser suficiente, y ojalá aprendamos, la representación de unas ideas claras, coherentes. Eso redundaría en una política mucho más limpia y clara. El Centro Democrático (ese será el nombre presentado por tercera vez), sin embargo, se vio castigado por no poder usar la palabra “uribismo” en su logotipo (intentaron por primera vez con “Uribe”): es cierto, el uribismo es una tendencia clara de pensamiento en los últimos años. Sin embargo, la norma está hecha a prevención: un sufijo cuenta como prohibición.

Así entramos, de tajo, a lo jurídico, que ha sido cuestionado desde distintos sectores. A lo que llegó el CNE fue a la interpretación de unas sentencias de la Corte Constitucional, en conjunto con la reforma del Acto Legislativo 01 de 2009, cuyo espíritu emana de las mismas consideraciones filosóficas: ningún grupo o partido político —asegura la entidad— facultado para postular candidatos a elección popular, podrá utilizar el nombre o fotografía de una persona como parte de su logotipo. Todo con el fin de asegurar más estructura ideológica, tanto para los candidatos como para los votantes.

La pregunta es por qué otros sí han podido en el pasado. Dice el CNE que los fundamentos constitucionales de permitir que algunos pudieran hacerlo decayeron con la reforma política de 2009. Así las cosas, los precedentes que hubo se caen y no hay razón para citarlos. Con todo, parece que el uribismo ha entendido el mensaje. No parece que haya una conspiración en su contra, como algunos alegan. La opción que tienen, aparte de la que ya están usando, es cerrar filas ante la adversidad y consolidar su movimiento: que no necesariamente gire en torno a un hombre y un nombre, sino, como debe ser en una democracia, a las ideas que él representa. Eso es mucho más saludable. Para todos.

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