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Nace la Celac

Con la asistencia de los jefes de Estado y de Gobierno de la región, nació en Caracas la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac.

05 de diciembre de 2011 - 06:00 p. m.
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El hecho ha generado diversas lecturas, que van desde proclamar que éste es el hecho más importante de los últimos cien años en la región, hasta quienes ven un organismo más entre los muchos existentes. ¿Qué tanto hay de cierto en dichas posiciones?

La propuesta surgió con el deseo de su principales impulsores, entre los cuales se encuentran Venezuela y los países de la Alba, de terminar con la OEA. Dentro de esta perspectiva buscaron crear un foro político, altamente ideologizado, en el cual no tuvieran cabida Estados Unidos ni Canadá. De esta manera, el fondo sería el de la confrontación entre el Norte y el Sur del continente. Así, por lo menos, se ambientó la idea, y a Caracas llegaron algunos jefes de Estado, como el presidente Rafael Correa, anunciando el entierro de tercera categoría del organismo hemisférico.

Sin embargo, las cosas no resultaron como estos países pensaban, y con las posiciones realistas y mesuradas de otros países, entre ellos México, Colombia y Chile, el tema se fue decantando y el propio presidente Hugo Chávez debió ceder en su retórica inicial y aceptar que no se estaba creando una institución sobre el modelo que él había abanderado. Al menos así quedó claro en los dos documentos que fueron aprobados: la Declaración de Caracas y el Plan de Procedimientos. Los principios que animan a la Celac son bastante loables y apuntan a lograr mejoras para sus pueblos. Desde este punto de vista no debe haber inconvenientes en sus actividades futuras, las cuales estarán encabezadas, pro témpore, por el presidente chileno, Sebastián Piñera. La gobernabilidad será colegiada y bajo el formato de Troika, es decir, el último que la presidió, el actual y el siguiente. Tendrá una serie de reuniones de nivel presidencial y de ministros, así como reuniones de coordinadores nacionales y reuniones especializadas.

Hasta aquí todo bien. Pero hay todavía varios interrogantes por despejar. No es claro si la Celac será tan sólo un mecanismo de concertación y diálogo, como lo fue el Grupo de Río, o si va a generar una estructura similar a la CAN, Mercosur o, más recientemente, Unasur. De otro lado, tampoco se pudo llegar a un acuerdo sobre la toma de decisiones que, en principio, se mantiene en el consenso, similar a lo que ocurre en la OEA.

Se estableció una cláusula democrática que sigue los pasos de la de Unasur y la de la Comunidad Iberoamericana, blindando a los gobiernos democráticamente electos frente a golpes de Estado. Queda la duda, en caso de que se llegara a presentar una situación en alguno de sus países miembros que viole expresamente la Carta Democrática Interamericana de la OEA, por motivos que no considera expresamente la Celac, ¿qué normas se aplicarían y quién sería competente para su manejo? ¿Quién dirime el dilema de las competencias? Son, por ahora, preguntas sin respuesta.

Para Colombia las cosas salieron bien. Apartándose de los esquemas de ideologización o confrontación regional, el presidente Santos logró promover la candidatura del vicepresidente Garzón para la OIT —aunque sin el apoyo formal del Caricom—, ventiló el tema del narcotráfico y la necesidad de abordarlo en el marco de Naciones Unidas y, ante la posibilidad de que en la Celac se trate el tema de la paz en el país, fue enfático al decir que este es un tema interno y que cuando él vea disponibilidad de diálogo por parte de la guerrilla podrá acudir al apoyo del organismo.

De momento lo cierto es que hay un nuevo actor en la región y que, si se logra aprovechar este foro de alto nivel para promover temas de interés común, sin caer en confrontaciones hemisféricas innecesarias, se habrá logrado un avance significativo. En caso contrario se habrá desaprovechado una interesante propuesta en aras de los intereses personales de algunos mandatarios regionales.

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