La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) es el punto esencial, no sólo para el triunfo de la implementación de lo acordado en La Habana, sino para el futuro de una Colombia sin resentimientos sobre su conflicto armado. Allí, además, se centrarán sin duda todas las críticas de los opositores del Acuerdo en esta época electoral. Por eso, la elección de quienes serán magistrados de la JEP propone un reto que deberá enfrentarse con una idea clara en mente: necesitamos un tribunal idóneo e intachable para la paz.
Según se supo ayer, el Comité de Escogencia de la JEP publicó la convocatoria para elegir a los magistrados de la justicia transicional. Se trata de los jueces titulares que van a integrar el Tribunal Especial de Paz, así como las tres salas del sistema: la sala de reconocimiento de verdad, responsabilidad y determinación de los hechos y conductas; la sala de amnistía o indultos, y la sala de definición de situaciones jurídicas. En total, se elegirá a 51 funcionarios distribuidos de la siguiente manera: 20 magistrados para el Tribunal de Paz, 18 para la salas de justicia, siete suplentes del Tribunal y seis sustitutos de las salas. Sobre sus hombros recaerá la legitimidad de la apuesta por la justicia y la reparación de este proceso de paz, así como el éxito del inicio del posconflicto.
Por eso este proceso de selección necesita ser ante todo transparente, de tal manera que atraiga a los colombianos más preparados y se elija a juristas que puedan estar a la altura del reto histórico. Entre los requisitos, el Comité pide por lo menos 15 años de experiencia en temas jurídicos, con énfasis en derecho internacional humanitario (DIH) o resolución de conflictos, así como tener una hoja de vida intachable sin ningún tipo de proceso judicial en contra. El proceso de inscripción empezará el 24 de julio de este año e irá hasta el 2 de agosto.
La experiencia reciente (y no tan reciente) del país con las convocatorias públicas no ha sido la ideal para fomentar la confianza de las personas más preparadas de Colombia. Pese a la presencia de reconocidos académicos en candidaturas a la Corte Constitucional y otras entidades públicas, aquellos con más lazos políticos tienen una ventaja que los ubica por encima de la competencia. Lo mismo no puede ocurrir en la selección de la JEP.
Si los magistrados elegidos llegan a ser relacionados con la influencia de alguna fuerza política, la legitimidad de todo el sistema quedará en duda y se abrirá una puerta para quienes pretenden obstaculizar el proceso de paz. Aunque en todos los espacios del Estado genera desconfianza la posible existencia de deudas políticas de los funcionarios, en la JEP es tal vez aún más importante que los magistrados sean, ante todo, ejemplos de independencia. El Comité lo sabe, pues en la convocatoria estipuló que se tendrán en cuenta “los estándares internacionales de independencia judicial y altas calidades morales”; el siguiente paso es cumplirlo.
Por supuesto, para lograr la conformación de un tribunal de notables es necesario que los mejores juristas del país se postulen. Esa es nuestra invitación. Además de ser una oportunidad profesional única en el mundo, el momento histórico de Colombia necesita de expertos que estén a la altura de la labor que les espera: crear una jurisprudencia que permita que todos los colombianos sientan que se hizo justicia, pese a estar en medio de condiciones muy complicadas, y garantizar que la JEP sea un ejemplo para la historia de la humanidad.
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