“Celebramos la aprobación de esta iniciativa con acciones concretas que permitirán a las familias de escasos recursos acceder de manera gratuita a los servicios veterinarios para sus perros y gatos, brindándoles la atención que merecen”, dijo al respecto la concejala Claudia Sandoval, ponente de la mencionada iniciativa.
Este proyecto merece un reconocimiento, pese a un cierto clasismo y a un evidente especismo, puesto que se discrimina a otro tipo de mascotas —cerdos, caballos, entre otros— que requieren, en muchas ocasiones, de los mismos tratamientos. Particularidades que, valga decirlo, pueden ser tenidas en cuenta para una posible reforma al acuerdo tras un tiempo de haber sido implementado. Esto, en resumen, no aminora sus bondades.
Es plausible que se sigan reconociendo los derechos de los animales, por lo menos, a una vida digna. No es una lucha de unos cuantos animalistas, es, en cambio, una controversia que se ha robustecido con varios fallos tanto del Consejo de Estado como de la Corte Constitucional que han señalado la importancia de reconocer a los animales como seres vivos y no como cosas.
Pero, por eso mismo, un proyecto como este no es suficiente. Sea la oportunidad, entonces, para hacerle un llamado de atención a la ciudadanía. No hay que descuidar a las mascotas ni desentenderse de ellas bajo la excusa de que el Estado está ahí para atenderlas. Hay que decirlo con firmeza: muchos de esos animales que deambulan por la ciudad, desprotegidos, fueron en su momento mascotas en un hogar. Y aunque no hay que generalizar, muchas de estas mascotas terminaron en la calle porque, de repente, dejaron de ser valoradas por sus dueños. Porque crecieron, porque se volvieron molestas para sus familias, por lo que sea.
Se sigue viendo a estos animales como un divertimento antes que como un ser vivo que requiere de cuidados e implica responsabilidades para sus dueños. Por eso se los bota cuando ya no divierten. Y, en ocasiones, es peor: se los maltrata de forma salvaje. Decenas de casos de maltrato animal han llevado a que se promulgue un proyecto de ley que busca penalizar la violencia contra los animales. Pero antes que perseguir a quienes maltratan a los animales, es necesario, como ya lo hemos dicho en estas páginas, que haya una reflexión por parte de la sociedad sobre la forma en la que se trata a los animales y, sobre todo, a las mascotas. Concienciación antes que penalización.
El mensaje es claro. La labor del Estado debe ser subsidiaria ante los cuidados que las personas deben darles a sus mascotas y, en general, a los animales. No debe verse como algo descabellado pedirles a los ciudadanos que asuman con entereza la responsabilidad a la que se comprometieron al comprar u adoptar una mascota. ¡Es que no son muebles! Lo otro es que estos animales merecen una segunda oportunidad. Una familia que los adopte puesto que el Estado, en muchas ocasiones superado por la cantidad de animales callejeros, termina sacrificando a muchos de ellos. Hay que empezar a ver la adopción de mascotas como una opción viable para muchas familias.
Ya se ha dicho en reiteradas ocasiones: se puede medir el progreso de una sociedad basado en la forma en la que trata a los animales y, sobre todo, a aquellos bajo su cuidado directo. Que se deje de ver a los animales como cosas y se los empiece a ver como seres vivos, ya es un avance.
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