El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Otro período

El viernes de esta semana el Congreso de la República arranca de nuevo sus sesiones ordinarias.

PUBLICIDAD

Todo parece indicar que las tareas que se le vienen a esta rama del poder público son muchas: 20 iniciativas de origen gubernamental, todas de gran relevancia para el país, entre las que se cuentan la reforma a la justicia, la reforma tributaria, la justicia penal militar, el marco legal para la paz, entre otros. A éstas se les suman las otras 14 que anunció el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, que son importantes para al menos cinco carteras del Gobierno.

Más leyes, en fin, que demuestran la capacidad de iniciativa legislativa que el gobierno del presidente Santos tiene en el Congreso. Esa de dar prioridad a proyectos que, como la Ley de Víctimas, son fundamentales para el país. La Mesa de Unidad Nacional es un instrumento poderoso en términos de gobernabilidad: ese arte de un gobernante para tramitar sin muchos tropiezos sus iniciativas ante el Legislativo. De ese buen desempeño y aprobación de leyes depende en últimas la gestión de sus propuestas de campaña. Y como Colombia es un país especialista en crear y derogar leyes, el Gobierno está en su cuarto de hora.

Pero como poderoso, es también un instrumento peligroso. Así Juan Manuel Corzo, presidente del Congreso, diga que pese a que su compromiso con el Gobierno central para la aprobación de distintos proyectos es muy grande, el Congreso también quiere poner sobre la mesa del debate nacional algunos temas de iniciativa propia. ¿Pero en qué momento? Tendrán desde ya que estar aprobando en tiempo récord las iniciativas gubernamentales, cerrando así el espacio para otras cosas importantes: el debate parlamentario, las iniciativas, los debates de control político. Esas otras cosas que debe hacer el Congreso más allá de aprobar los designios del Ejecutivo.

No podemos caer en el juego de que un esquema institucional tan claro sea roto por cuenta de la Mesa de Unidad Nacional. Eso es muy costoso al Estado Social de Derecho. Si bien es cierto que algunos temas que ha propuesto el Gobierno podrían provocar rupturas dentro de los partidos, lo que más tememos es que éstas sean sobrepasadas por el poder único del “pupitrazo”. No queremos un Congreso sumiso, sino uno que haga su trabajo bien. Temas como el de la reforma a la justicia, el fuero militar o la reforma pensional deben discutirse sin tanta prisa, con más análisis, con más documentos de soporte dentro de las Unidades de Técnica Legislativa de cada congresista. Eso no rompe la Unidad Nacional y sí enriquecería las iniciativas.

Asimismo, el control político que otrora convocaba ministros para que rindieran cuentas al país está también muy menguado. O no hay problemas, o el Congreso está ocupado en cubrir una agenda a la que se le da prioridad. Nada de malo tiene querer un poco de gobernabilidad —sobre todo cuando tantos espectros políticos se reúnen en un solo recinto—, pero de ahí a que el Congreso sea un simple apéndice del Ejecutivo hay una diferencia muy grande. Y el rumor corre, la frase se dice cada vez más.

En este nuevo período del Legislativo quisiéramos un Congreso que sí refleje un poco de unidad en torno a la prioridad de temas que son fundamentales para el país, pero que no se ahogue dentro del unanimismo. Los proyectos propuestos deben ser, pues, discutidos. Así se puede cumplir un principio del liberalismo más clásico: mejor una ley inexistente que una ley mala. El “pupitrazo” no es la salida a los problemas de Colombia. Los congresistas, que este viernes reanudan su labor, podrían tener esto mucho más claro.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Leer más
Leer más