Hasta hoy está conservada, en parte por el olvido estatal, en parte por la actividad económica, que huyó de los peligros del narcotráfico. Su importancia, sin embargo, es de carácter mundial. Hace parte del piedemonte de esa joya planetaria que es la Sierra Nevada de Santa Marta; a ella debe su abundancia de aguas y biodiversidad, una de las mayores y más especiales del mundo: por algo es considerada como el ecosistema menos reemplazable del mundo a ojos de la UICN, a la altura de las Islas Galápagos o el Parque Canaima en Venezuela. Y está en la lista de la UNESCO como potencial Patrimonio de la Humanidad.
Pero esa condición está a punto de cambiar. Una propuesta del Concejo Municipal de Mingueo busca modificar el POT para declarar una amplia zona litoral como de uso urbano, lo que llevaría a repetir lo sucedido en Taganga y otros lugares, llevando el valor de la tierra a precios exorbitantes, expulsando propietarios locales. Se perfila en el futuro una línea de torres blancas de aluminio y vidrios azules, y unos cuantos condominios con campo de golf y guardianes privados en playas y ríos. Mientras tanto, en medio de la belleza, la población no tiene acueducto ni alcantarillado; la semana pasada una manifestación de habitantes bloqueó la vía a Riohacha protestando por la ausencia de servicios públicos.
Se levantan, pero no se oyen las voces de un movimiento hotelero que promueve el ecoturismo con decenas de propietarios, quienes vieron en la región algo especial y conformaron una red de reservas privadas. Uno de los núcleos de conservación privado más antiguos de Colombia. En efecto, llegan allí centenares de extranjeros atraídos por la avifauna, caminatas por el bosque y el silencio de la Sierra. Algunos pretenden conocer a los koguis y a los arhuacos, para quienes la región es territorio tradicional que conecta la montaña con el mar.
Llegan también turistas buscando el bullicio del turismo de sol y playa. Claramente, el mayor potencial de valor es el desarrollo del turismo de naturaleza en todas sus formas. Pero no será fácil mantener ese proyecto alternativo que privilegia en el largo plazo un negocio con poca competencia: cada vez hay menos sitios similares en el mundo. El apetito de recaudo fiscal, abonado por la pobreza, hace que en Colombia hacer las cosas bien no tenga futuro. ¿Será imposible pensar en la creación de un Distrito Ecoturístico para preservar el paisaje y potenciar este crecimiento de verdad verde que impulsa el Plan de Desarrollo?
Tienen la palabra el ministro de Ambiente y la Corporación Autónoma de la Guajira, además de los candidatos al Concejo y a las alcaldías de Mingueo y Dibulla: vale la pena apostar distinto y demostrar independencia del doloroso pasado de guerra que vivió la región y del mal desarrollo que ha dejado su huella en el litoral del Caribe.
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