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La paradoja en Francia

El resultado de la primera vuelta electoral en Francia mostró las paradojas políticas que marcan el inicio de dos intensas semanas hasta la segunda ronda rumbo a la Presidencia.

26 de abril de 2012 - 06:00 p. m.
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El socialista François Hollande tiene todo a su favor para destronar al actual presidente, Nicolás Sarkozy, con el explícito apoyo de la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon y el indirecto de la ultraderechista Marine Le Pen, el ‘palo’ de la jornada. Los franceses están divididos y pronto decidirán quién ocupará el Palacio del Elíseo.

De aquí surge la primera gran paradoja. Los dos candidatos que irán a la segunda vuelta, Hollande y Sarkozy, alcanzaron una mínima diferencia del 1%, lo que deja su suerte en manos de los votantes de los dos extremos. Ambos buscan granjearse el favor de un electorado que ha dado muestras claras de cansancio por los problemas económicos y sociales, y que le ha pasado cuenta de cobro al aspirante a la reelección, la misma que ya le ha costado el poder a doce dirigentes europeos sin distingo político.

Las miradas han girado hacia Marine Le Pen, quien logró cautivar al votante de derecha con un discurso antieuropeísta y xenófobo que exacerba el nacionalismo francés. La líder del Frente Nacional alcanzó casi un 17% de los votos, lo que la deja como fiel de la balanza, de cara a los comicios del 6 de mayo. Su dilema no era sencillo. O recogía velas y apoyaba a Sarkozy, a quien considera un traidor de los postulados de derecha, u optaba, como lo hizo, por dejar en libertad a sus electores. Muchos se abstendrán o votarán por Hollande con el fin último de hundir al actual gobierno y permitir que el gran repunte de la derecha sea capitalizado por Le Pen, quien asumiría la conducción de un gran partido de oposición a los socialistas. La paradoja evidente es que gracias a la derecha podría resultar elegido un presidente centro-izquierdista.

Los socialistas, por su lado, desean recuperar el poder que perdieron en 1995. Las circunstancias económicas los favorecen y han sabido capitalizar la gran insatisfacción reinante con un articulado discurso social de igualdad, solidaridad y fraternidad, los viejos pero siempre presentes postulados de la Revolución que vienen muy bien en el actual momento.

Se espera que con un triunfo de Hollande las medidas económicas sean menos severas y los recortes no impliquen un costo social muy elevado, distanciándose así de la cercanía del actual gobierno con la canciller alemana, Ángela Merkel. Al respecto señalaba un analista que dentro de la Unión Europea, y en otra paradoja, el principal aliado del presidente de centro-derecha español, Mariano Rajoy, acabaría siendo un socialista francés. De esta manera, el giro político en Francia podría tener un impacto favorable en otros países europeos que están pagando una alta cuota para lograr la recuperación económica.

En las toldas gubernamentales han ajustado la primera derrota con un mensaje que recuerda a De Gaulle: se ha perdido una batalla, no la guerra. Pero la verdad es que el cansancio del electorado hacia Sarkozy es más que diciente y las urnas así lo reflejaron. De hecho, se convierte en el primer presidente en ejercicio que no gana la primera vuelta para la reelección.

En esta última etapa Nicolás Sarkozy apelará a su condición de líder fuerte, dispuesto a jugarse a fondo para sacar adelante al país en medio de la crisis, mientras que Hollande deberá mostrar a la vez su fortaleza, en la medida en que algunos lo han cuestionado por su aparente pasividad en la primera ronda. Su visión social e incluyente, sumada a la vinculación directa del actual gobierno al bajo crecimiento económico, el aumento de los índices de desempleo y los fuertes recortes, así como el apoyo oficial de la izquierda y el paradójico favor que le hace la derecha, parecen encaminarlo hacia el Elíseo.

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