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Paz, drogas e inversión

El reciente viaje del presidente Juan Manuel Santos a España y a Davos, Suiza, culminó con buenas noticias.

26 de enero de 2014 - 04:11 p. m.
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No sólo ambientó el tema de la paz, sino que preparó el terreno para la necesaria inversión externa en el posconflicto. Además puso una pica en Davos con respecto al tema de las drogas, coincidiendo con la discusión del punto tres en La Habana. Y hasta le dio tiempo para visitar al convaleciente Falcao García para darle ánimos luego de su delicada cirugía. Una buena gira.

Mientras la mayoría de los colombianos estamos a la expectativa de los resultados de la mesa de negociación en Cuba y los eventuales encuentros y desencuentros entre los negociadores del Gobierno y la guerrilla, le corresponde al jefe de Estado ir pavimentando el camino que va a transitar el país una vez se logren los acuerdos de paz. No en vano el expresidente español Felipe González dijo que el actual proceso se encontraba en una etapa irreversible, en lo cual coincidimos. De ahí que sin descuidar la letra menuda de lo que se está discutiendo y se vaya a acordar en los próximos meses, se puede ir alistando la silla para montarse en lo que vendrá tras la firma de la ansiada paz.

El llamado posconflicto va a requerir de grandes inversiones para la mejora sustancial de las condiciones económicas y sociales de todos los colombianos. En especial, los cerca de seis millones de víctimas que dejan los 50 años de guerra interna. La reparación que se les debe, así como el conocer la verdad verdadera de lo acontecido por parte de todos los actores, son tareas que se han venido llevando a cabo, pero donde falta aún demasiado por hacer. Como se ha dicho hasta la saciedad, la paz no es la mera ausencia de balas y el enfrentamiento armado.

De ahí que el Foro Económico Mundial de Davos fuera un sitio ideal para explicar la situación actual del conflicto interno, así como las perspectivas a corto, mediano y largo plazo. No sólo por los resultados concretos con gigantes como SABMiller y Facebook, que fortalecerán su presencia en el país, sino las reuniones con cientos de empresarios en España y Suiza. De ahí, de las inversiones que vengan en un inmediato futuro bajo el paraguas de la paz y la estabilidad, se desprenderán las condiciones para aumentar las fuentes de empleo y de ingresos al fisco para inversión social.

En este escenario hacía falta la otra pata de la mesa que queda por arreglar: el narcotráfico. El primer mandatario aprovechó muy bien la cruzada que inició durante la Cumbre de las Américas, en Cartagena, para volver a ponerle el cascabel al gato. Mientras algunos estados en EE. UU. legalizan el consumo de la marihuana, dijo, ¿cómo explicarle al campesino colombiano, que en su pobreza la cultiva, que tiene que ir preso por ese motivo? Luego de la valiente decisión del presidente José Mujica en Uruguay en dicho sentido, el camino se hace más propicio para un debate serio y buscar vías alternativas a la mera represión: despenalización, legalización, prevención y campañas educativas. Dijo hace poco el presidente Barack Obama que la marihuana, el consumo del alcohol o el tabaco están en igualdad de condiciones por su adicción y consecuencias nocivas. Las cosas están cambiando.

De otro lado, y con este panorama que ofrece el país a futuro, el presidente aprovechó para reiterar el agradecimiento en España por el apoyo a la eliminación de la visa a los colombianos para ingresar a Europa bajo el acuerdo Schengen. Ese trámite, según el presidente Mariano Rajoy, también parece irreversible. Otro tanto hizo Santos con el primer ministro británico, David Cameron, al manifestarle una solicitud en igual sentido. Sería más que justo que así sucediera.

En conclusión, los astros se le alinearon de nuevo al jefe de Estado durante su paso por el Viejo Continente. Incluso para llevarle a Falcao el saludo solidario de muchos colombianos que nos hemos sumado como uno solo para desearle fuerza en su recuperación.

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