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A pesar de tantas cosas, hay motivos de esperanza

31 de diciembre de 2019 - 12:00 a. m.
En 2019, millones de colombianos le apostaron a la democracia y a resolver sus diferencias con pasión, pero en paz. / Foto: Gustavo Torrijos – El Espectador
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Es difícil, en esta Colombia de constantes cambios, tragedias y escándalos, detenerse a hacer un balance. Basta con ver la agenda noticiosa de la última semana del año: asesinatos lamentables, cambios en la cúpula del Ejército y en la Dirección de la Policía de Bogotá, declaración del galeón San José como bien de Patrimonio Cultural y aumento del salario mínimo por decreto. No podemos permitir, sin embargo, que el ritmo y el ruido que hace lo urgente nos haga olvidar lo importante.

Dentro de todos los posibles relatos que pueden construirse sobre 2019, nos parece que el más importante, y el que más abarca, es que nuestra democracia está dando señales esperanzadoras de madurez y evolución. Lo mismo puede decirse sobre las instituciones y el Estado en su conjunto.

En 2018 hubo un aumento considerable en la participación política de los colombianos. Las campañas al Congreso, a la Presidencia y luego para la consulta anticorrupción mostraron una ciudadanía interesada en la democracia, activa, crítica y con ansias de exigir mejores respuestas a los problemas que llevan años obstaculizando el progreso del país. Se temía, no obstante, que esa emoción se redujera y que en este 2019 de elecciones regionales la política tradicional triunfara en medio del desinterés de la población.

Ocurrió todo lo contrario. En todo el país, millones de colombianos les apostaron a la democracia y a opciones alternativas que pusieron la lucha contra la corrupción en el centro de la agenda. Si bien hubo casas políticas cuestionadas que siguen marcando la parada en algunas regiones, el mapa político que nos deja este 2019 es diverso y ha sido rejuvenecido. El mensaje nos parece claro: la defensa del Estado proviene de una ciudadanía interesada y astuta.

No fue solo en las urnas donde se vio la participación. La toma masiva de las calles en las principales ciudades, más allá de los problemas que se presentaron (que no pueden olvidarse, como los ataques contra los policías y la muerte de Dilan Cruz), habla de una Colombia que quiere resolver sus diferencias con pasión, pero en paz. La política se está haciendo lejos de las armas y eso debe celebrarse.

Lo propio puede decirse de las instituciones. Pese a los escándalos, la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia han demostrado una sana independencia. Los altos tribunales están llevando con rigurosidad y respeto las normas y procesos sensibles para el país. Por su parte, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ya empezó a arrojar resultados, demostrando que sus aportes serán valiosos para este país que se sueña en posconflicto.

Todo apunta a que los colombianos vean posible un país más próspero, en crecimiento, plagado de oportunidades, donde el bienestar se distribuya de manera equitativa, donde las instituciones resuelvan las disputas, donde la violencia sea un relato del pasado.

Nos queda mucho por lograr. Los líderes sociales siguen siendo asesinados y amenazados, el narcotráfico sigue ejerciendo un poder indebido. Pero 2019 nos dio muchas razones para soñar con una Colombia distinta.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

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