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¿Por qué no reducir los precios de anticonceptivos?

Las colombianas deben poder acceder a los anticonceptivos con precios justos que no desincentiven su uso. En una lucha tan difícil como la que propone motivar una sexualidad responsable, es sorprendente que haya tanta oposición por parte de las farmacéuticas al proyecto de reducir los costos de los medicamentos. El Ministerio de Salud debe seguir adelante con la regulación y quien llegue a ocupar esa cartera no deberá desaprovechar todas las luchas dadas en este tema en los últimos años.

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El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, pretende, a través de la circular 07 de 2018, reducir los precios de 1.645 medicamentos que se están vendiendo en Colombia por encima del precio con que se comercializan en otros países. Esta es una continuación de su lucha por evitar el abuso en los precios, aliviar un poco al sistema de salud y fomentar la buena salud entre los colombianos. Contrario a lo que han dicho sus opositores, esto no es afectar la sostenibilidad de las empresas, pues los cálculos utilizados para la disminución del precio tienen en cuenta las condiciones del mercado y la necesidad de las farmacéuticas de generar ganancias para seguir invirtiendo en investigación y desarrollo de medicamentos.

Entre los fármacos que verían la reducción de sus precios se encuentran los anticonceptivos. En total, se calcula un ahorro de $70.000 millones para el país y los colombianos.

El Ministerio se sustenta en datos indiscutibles. Por una parte, como contó El Espectador, mientras en una farmacia colombiana un sobre de 24 píldoras de Yasminq, de Bayer, rodeaba los $61.000, en Canadá podía valer $27.000 y en Noruega $21.000. Además, las farmacéuticas vienen aumentando los precios de estos medicamentos sin mayor justificación.

Esto tiene efectos directos en la salud sexual y reproductiva de las mujeres. Aunque el sistema de salud cubre los medicamentos, la Encuesta Nacional de Demografía y Salud demuestra que las droguerías son la principal fuente de suministro de la píldora (42,6 %) y de la inyección mensual (32,2 %), lo que quiere decir que ellas asumen el costo.

Por esto, extrañan las protestas de la Embajada de Estados Unidos y un grupo de empresarios de ese país, incluidas las farmacéuticas que producen los anticonceptivos, quienes insinúan que esta medida haría perder empleos. Velar por el bienestar general de manera racional y sustentada no debería verse como un atentado a la confianza inversionista; al contrario, es un incentivo para fijar precios justos y entablar diálogos constructivos entre la industria, el Estado y la sociedad civil.

El Ministerio, pese a las presiones, debería continuar en esta labor, que además corrige lo ocurrido en el país durante los gobiernos de Álvaro Uribe, donde la liberación de precios tuvo consecuencias nefastas. Este es, además, un ejemplo a seguir por la persona que ocupe este cargo durante el gobierno de Iván Duque. Hay maneras de tomar decisiones empáticas, que fomenten la igualdad y que alivien nuestro sistema de salud. No hay que desandar el camino iniciado por el ministro Gaviria.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

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