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La retirada

El general Óscar Adolfo NAranjo Trujillo presentó al presidente Juan Manuel Santos su carta de renuncia la semana pasada, y deja así la Policía Nacional, que dirige hasta julio de este año.

22 de abril de 2012 - 06:00 p. m.
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Es indudable que el general deja un legado muy grande. Basta simplemente con revisar sus logros, desde el primer día que vistió el uniforme hasta hoy, para darse cuenta de que esos cuatro soles sobre su solapa (una distinción que no ostenta ninguna otra persona dentro de la Policía Nacional) fueron ganados a pulso y con esfuerzo. Sirviendo al país.

Se hizo enemigo de delincuentes mayores, combatiéndolos con fiereza pero también con exactitud. A Pablo Escobar, a los Rodríguez Orejuela, al secretariado de las Farc, a las bacrim. En fin, a cuanto enemigo le surgía a Colombia, a su ciudadanía —como dijimos el día de ayer en las páginas de este diario—, el general le salía al paso para estorbarlo, para frenarlo. Ya cuando el narcotráfico se había introducido en los hilos más finos de la vida cotidiana nacional, Naranjo le llegó como una piedra en el zapato, un obstáculo demasiado grande para que siguieran las profundas redes de ilegalidad que existían.

El general Óscar Naranjo es además un oficial sin tacha, impecable y sobreviviente a toda acusación (malintencionada o no) que le surgiera. Recordamos, cómo no, las muchas modificaciones que se hicieron en su momento a las altas cúpulas militares, quedando él siempre intacto, como una de las fichas más importantes de los gobernantes de turno. Y eso, en Colombia, es un logro muy grande.

Naranjo llegó a su silla, de la que hoy se retira, con una visión definida sobre la criminalidad y el uso de la inteligencia para combatirla. Fue su bandera e hizo avanzar a pasos agigantados las labores de inteligencia, haciendo uso de tecnología de punta, especializando a agentes secretos, yendo mucho más allá de lo que le correspondía. Tecnificarla fue su labor, adoptándola en su versión primitiva y convirtiéndola en uno de los aparatos más sofisticados del mundo. Muchos de las innovaciones que promovió son exportadas. Así, por esos mismos medios, se recopilaron datos importantes para dar con el paradero y luego atestiguar la caída de poderosos y otrora intocables líderes guerrilleros: la ‘Operación Fénix’, que dio de baja a Raúl Reyes; la ‘Camaleón’, en la que fueron rescatados cuatro militares, o ‘Sodoma’, en la que murió el Mono Jojoy, entre otras muchas, son ejemplos de esa delicadeza y sofisticación.

Su renuncia es justificada, claro. Tal vez Naranjo fue el ciudadano colombiano que menos horas durmió en su vida por obra del narcotráfico, pero deja un vacío muy grande que ojalá sepa reemplazarse siguiendo el legado que deja. Se retira con casi el 80% de la aceptación. Es bien merecido, pues, su descanso.

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