Para algunos, se trata de un acto administrativo que llega con un retraso de diez años después de la recomendación del Ministerio de Ambiente. Para otros, se trata de una figura jurídica inadecuada, pues allí la superficie de bosques es mínima y de dudosa efectividad. Han sido tales la complejidad del proceso y los intereses en juego, que puede esperarse que la controversia continúe. Con todo, los retos que surgen con esta decisión son mayores que su misma declaración. La resolución lista un conjunto heterogéneo de objetivos que por su naturaleza corresponderían más a un área de uso múltiple que a una reserva forestal típica. La conservación de suelos y aguas podría buscarse mediante un distrito de manejo de suelos, figura en la ley recientemente reglamentada. La conectividad entre los fragmentos forestales podría buscarse a través de cesiones o compras de sitios puntuales críticos en los predios, para la generación de corredores biológicos. Pero el asunto en juego es mayor: impedir su urbanización y con ella la conurbación de Bogotá con Chía. Para esto se ha buscado una figura legal fuerte, que impide el cambio de uso de la tierra hacia la urbanización y prescribe su transición hacia un uso forestal predominante. ¿Cómo se va a lograr en un régimen de propiedad privada, expectativas de valorización congeladas? Una vez el área se ha sustraído legalmente a la urbanización, es momento para reflexionar sobre el tipo de espacio protegido a crear. Es claro que los valores de conservación que justificaron la creación dependen en gran parte no del mantenimiento del statu quo, sino de su recuperación, pues se trata principalmente de ecosistemas profundamente alterados por el uso ganadero, agrícola y suburbano. En este sentido un corredor biológico de restauración entre el bosque de Las Mercedes y el Humedal La Conejera parece imprescindible. Pero para el resto del predio, si no hay cambio de uso de la tierra, la figura de reserva forestal podría carecer de sentido en el futuro. Por eso, entre los escenarios posibles que son objeto de análisis del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional, habría que privilegiar el beneficio general. Esto no podría hacerse solamente con un llamado a la sostenibilidad que debe ser practicada por los propietarios. No bastaría con que a ellos se les eximan sus contribuciones tributarias, o al menos la que recoge la CAR, para que los usos actuales se modifiquen hacia los objetivos de conservación. Incluso, no bastaría con un desarrollo particular del principio constitucional de la dimensión ecológica de la propiedad privada. El dilema es entre lo público y lo privado. Es más, está documentado que dentro de los clubes privados se mantiene mejor la avifauna característica del paisaje rural sabanero, con el duro precio de que ésta no sea conocida por la población. La declaración de la reserva forestal en el borde norte conlleva un mensaje político frente al saqueo de un territorio especial en aras de la mayor renta posible como suelo urbano. Aquí se ha abierto un espacio para el beneficio general. Pero se trata de un área particularmente compleja, con una figura legal para la cual parecen insuficientes los esquemas administrativos con que cuenta la CAR. Por eso un escenario probable es que la reserva permanezca congelada, sin que se realicen los beneficios para los cuales fue declarada. Más importante que su declaración, el futuro depende de un Plan de Manejo Ambiental, que resulta, a todas luces, un reto para la innovación. Este plan debería además ponerse en el contexto de Bogotá y la Sabana, porque la reserva forestal ha sido declarada con el epíteto de “regional”. Un punto urgente es su armonización con la conservación de los humedales de Torca y Guaymaral y el manejo que le piensa dar la CAR al plano inundable del río Bogotá. Resulta en este sentido preocupante que el Plan de Ordenamiento Zonal del norte no sea armónico y se continúe fragmentando en planes parciales que no permiten una visión integral del borde norte de una ciudad que sigue creciendo, sin que sus habitantes puedan todavía disfrutar de un sistema de parques naturales urbanos y regionales. Hoy hay una nueva esperanza en el borde norte de la ciudad.