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Rusia está siendo sacudida por los inconformes

31 de enero de 2021 - 10:00 p. m.
La policía detiene a un hombre durante una manifestación en apoyo del líder opositor encarcelado Alexei Navalny en Moscú.
Foto: AFP - Agencia AFP
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La Policía cerró estaciones de metro y paralizó buena parte de Moscú. En Vladivostok, la Policía antidisturbios persiguió a manifestantes hasta que les tocó pararse sobre un lago congelado. En Chelyabinsk, varios policías agredieron a protestantes. Un video que se volvió viral muestra cómo una persona, que no estaba ejerciendo resistencia, recibe choques eléctricos a manos de la fuerza pública. En Krasnoyarsk, los oficiales echaron nieve sobre un par de caminos para que las personas no pudieran pasar. Esas son algunas de las postales que dejó la Rusia de Vladimir Putin, sacudida por las protestas que buscan la liberación de Alexéi Navalni. El autoritarismo ruso muestra su peor cara y, también, su nerviosismo.

Es fácil ver el temor que Navalni produce en Putin. El opositor, quien no pudo participar en las elecciones presidenciales pasadas y ahora está encarcelado después de que casi muere por un intento de asesinato, se ha convertido en la principal piedra en el zapato del presidente ruso. Justo mientras lo encarcelaban tras su regreso en Rusia, publicó un video, que ha superado las setenta millones de reproducciones, donde acusa a Putin de recibir sobornos y construirse una megamansión con parte de los recursos que ha redirigido de las finanzas estatales. No es la primera ni será la última denuncia de este estilo. Varias organizaciones de derechos humanos han documentado cómo el aparato estatal ruso está construido en torno a varias capas de corrupción y captación de recursos. Todos estos alegatos son, por supuesto, negados por Putin y sus aliados. El sistema judicial ruso está en control del presidente y no ha indagado más sobre estos asuntos.

Siempre que hay protestas en Rusia, el cubrimiento internacional se torna optimista. Aunque, en efecto, vemos un redoblado interés por muchos rusos en responder al autoritarismo del régimen de Putin, en el pasado la fuerza estatal ha sido sobrecogedora. Estamos ante un aparato bien aceitado, donde los opositores son asesinados en circunstancias sospechosas (pero nunca con responsables) y el presidente sale fortalecido. Lo que vimos ayer en las calles fue un intento de Putin por recordarles a sus ciudadanos que tiene la fuerza para hacer valer sus deseos, si es el caso.

Al final, la historia dirá que fueron capturadas más de 5.000 personas, simplemente por salir a protestar. Los gobiernos que criminalizan las manifestaciones libres de sus ciudadanos siempre confiesan algo en el proceso: le temen a la democracia y a la voluntad popular. A estas alturas, Navalni, su esposa, Yulia Navalnaya, y varios de sus aliados están detenidos. ¿No muestra eso, acaso, la debilidad del régimen de Putin?

La represión tiene que ser condenada con vehemencia. Estados Unidos ha considerado sanciones y debería tomarlas. El mundo democrático debería seguir presionando a Putin y exigiendo la protección de todos los manifestantes.

El aparato de propaganda ruso ya ha empezado a desacreditar a Navalni y a sus aliados, así como a todos los medios que se atreven a cubrir los atropellos de la fuerza pública; pero las imágenes son claras: Rusia está siendo sacudida por los inconformes.

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