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Se manifestaron unas voces que deben escucharse

28 de septiembre de 2022 - 12:00 a. m.
Las marchas contra el Gobierno Petro hay que leerlas con cautela y en sus justas proporciones, pero no puede ignorarse el descontento.
Foto: EFE - Mauricio Duenas Castaneda
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Decenas de miles de personas en las calles de las principales ciudades de Colombia, a solo dos meses de inaugurado un nuevo gobierno, es un mensaje claro que no debería ser ignorado por la Casa de Nariño. No se trató, es claro, de una movilización equiparable con lo ocurrido, por ejemplo, en el paro nacional de hace un año. Empero, tampoco fue un fracaso de unos cuantos ciudadanos, como pretendieron hacerlo ver en redes influenciadores afines al gobierno de Gustavo Petro. Es momento de que el presidente recuerde su discurso de triunfo, en el que habló de unir a las “dos Colombias” que se expresaron en las urnas, y piense en cómo ha fallado, tanto en tono como en estrategia, para tender puentes hacia quienes sienten desconfianza de su proyecto político.

La “Gran Movilización por Colombia”, impulsada por varios políticos de derecha y en particular del Centro Democrático, tenía como propósito dejar un grito de rechazo generalizado al Gobierno. Al escuchar a los manifestantes hay una letanía de inconformidades que se pueden resumir en una desconfianza con el reformismo que ha prometido el presidente Petro y que hasta ahora se ha visto manifestado en la reforma tributaria y en esbozos desordenados de otras. Si se ignoran las voces populistas y otras francamente criminales, como aquella de una manifestante insultando de forma racista a la vicepresidenta Francia Márquez, lo que se ve es la inconformidad de un sector importante de la sociedad. También hay miedo, mucho miedo, a que el Gobierno no construya sobre lo construido sino que empiece por destruir lo que sí funciona bien en el país.

Por eso es importante, con esta y todas las marchas, que la reacción sea de escucha. Buen gesto el del presidente Petro al reunirse con el expresidente Álvaro Uribe el día de ayer. Esa apertura a dialogar con la oposición, que debe continuar, también debería verse materializada en moderación de ciertas políticas que llevan al sectarismo. Unir las “dos Colombias” exige concesiones y el presidente es quien tiene la sartén por el mango. La amplia coalición de gobierno que construyó en el Congreso, debe recordarlo, no equivale al respaldo popular en las calles, solo a las lógicas de la política de siempre. Por eso son necesarios actos de persuasión para los más de 10 millones de colombianos que no votaron por él.

Otros que deberían escuchar también son los alcaldes de Medellín, Daniel Quintero, y de Cali, Jorge Iván Ospina. El primero, que hizo trinchera en el sectarismo y convirtió la Alcaldía en un espacio propicio para la matonería y el mesianismo, enfrentó la movilización más multitudinaria en todo el país. El segundo, que está siendo sepultado por una lista creciente de escándalos de corrupción y que suele responder con agresividad a cualquier crítica, también vio la frustración de los caleños en las calles. Lo que se les critica a estos mandatarios, por cierto, es el tipo de política en que no debe caer el presidente Petro si de verdad quiere gobernar para todos.

Aún es muy pronto, es verdad, para hacer balances del Gobierno o predicciones de lo que vendrá en los próximos cuatro años. Por eso estas marchas hay que leerlas con cautela y en sus justas proporciones. Lo que sí no puede pasar es que se ignoren el descontento y el miedo. Cuando eso pasa, la indignación no para de crecer.

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