Si bien no es la parte más importante de sus ingresos hoy en día, de acuerdo con estudios recientes, es probablemente uno de los actos que los colombianos más han sufrido y llorado. Solamente hace falta ver las declaraciones de los familiares, los videos de los secuestrados en el interior de una espesa selva con la simple esperanza de volver a la libertad o los testimonios de los devueltos a casa o fugados de la guerra para darse cuenta.
Hasta el día de hoy y juzgando los últimos comunicados de las Farc en torno a entablar un diálogo y dar muestras de buena voluntad, este sin duda es el más preciso. Y lo recibimos con beneplácito, no hay otra actitud que tomar. Esperamos, por supuesto, que sea una verdad futura y que cumplan lo prometido. Es decir, que la liberación de los dichos 10 secuestrados se dé en los términos que han expuesto (con garantías y en el menor tiempo posible) y que se acabe, por fin, esa práctica macabra del secuestro que todos en Colombia tienden a repudiar: los gobiernos, la prensa, los ciudadanos del común en marchas multitudinarias y emotivas.
Sabemos que las Farc han insistido previamente en omitir esta práctica de su actuar. Sucedió en la época de las conversaciones de La Uribe, Meta, hace ya casi 30 años. 30 años en que los colombianos han sufrido de este terrible padecimiento y que a las Farc —sumado a otras acciones— les han generado un deterioro en su imagen no sólo del orden nacional, sino en todo el mundo.
Por eso es que sus palabras a veces suenan tan cínicas. Por eso es que muchas veces no han sido de fiar los discursos del nuevo líder máximo, alias Timochenko. Por eso mismo es que rescatamos este comunicado: es una muestra amplia de querer cambiar las cosas. Son más que simples palabras. Es lógico que el presidente Juan Manuel Santos haya respondido vía Twitter que “valora el anuncio de las Farc de renunciar al secuestro como un paso importante y necesario, pero no suficiente en la dirección correcta”.
El anuncio de un posible diálogo se hace más cercano, de cumplirse este acto. Lo hemos repetido tal vez cientos de veces en estas líneas: el diálogo es la salida más conveniente al conflicto que vivimos. Por eso es tan importante que las Farc den este paso a un lado: aceptando la brutalidad del secuestro y retirando de su arsenal ideológico esta práctica inhumana, haciendo efectiva su promesa.
Después de que esto suceda (como esperamos) Juan Manuel Santos deberá afilar más su discurso de la “Llave para la paz”. Deberán adelantarse acercamientos más claros para proceder al fin del conflicto. Han sido sensatas, tal vez por primera vez en mucho tiempo, las palabras de las Farc. Ojalá no sean simplemente eso y se traduzcan en acciones.