A medida que Colombia se aproxima al levantamiento del aislamiento obligatorio, los experimentos de aperturas graduales han dejado varias enseñanzas. La primera y más importante es que los cuidados siguen siendo fundamentales para evitar que los contagios se disparen, echando por la borda todo lo avanzado y causando una crisis sanitaria de la que, hasta ahora, Colombia se ha salvado. La segunda, unida a esa, es que incluso cuando el Gobierno levante las restricciones, los ciudadanos y las empresas que puedan hacerlo deberán fomentar el aislamiento voluntario. Esa será la nueva normalidad de nuestro país hasta que se encuentre una vacuna o se consiga inmunidad natural, lo que ocurra primero.
El pasado 5 de mayo, el presidente anunció que el aislamiento preventivo se estiraba dos semanas más. Originalmente pactado para terminar mañana, la nueva fecha son las cero horas del próximo 25 de mayo. Independientemente de si ese es el verdadero final del aislamiento, ya que el Gobierno puede volver a extenderlo, lo que sí es claro es que estas semanas veremos más y más colombianos en las calles. No hay de otra para empezar a frenar la crisis económica en que se ha sumido al país. Eso no quiere decir, sin embargo, que la cautela pueda abandonarse.
El Gobierno les permitió a las entidades territoriales definir la “gradualidad” del retorno al trabajo. Es una medida acertada, teniendo en cuenta que hay cerca de 900 municipios que no tienen casos de COVID-19. Sobre eso, el presidente Iván Duque dijo que “pueden ir abriendo los sectores, pero con unas restricciones claras: no aglomeraciones, no bares (…) para que vayan reactivando su vida productiva”. Las fronteras entre municipios seguirán cerradas para evitar que lleguen casos de contagios de otras ciudades, una buena manera de seguir protegiendo un sistema de salud reforzado, pero que todavía tiene muchas falencias.
Lo importante es que todos los colombianos se enfrenten a la situación con responsabilidad. Si los 15 millones de ciudadanos que van a retornar a sus trabajos se ven forzados a usar sistemas de transporte con aglomeraciones, y esa flexibilización también hace que otro tanto se aproveche para salir e incumplir el aislamiento, todo este esfuerzo habrá sido para nada. Tenemos que ser claros: el riesgo no ha pasado. En cualquier momento, por la velocidad del contagio, la ferocidad del virus y las limitaciones del sistema de salud, la crisis podría salirse de control con resultados nefastos en número de vidas perdidas.
La lógica es la misma: nos cuidamos entre todos o el país entero enfrentará una tragedia. Ya que hay sectores de la economía que necesitan volver a las calles para reactivarse, lo mejor que pueden hacer aquellas empresas que han seguido funcionando con teletrabajo es fomentar el aislamiento voluntario entre sus empleados. Es un sacrificio, por supuesto, y no pueden descuidarse los efectos que el encierro tiene en la salud mental, pero es también una necesidad. La añoranza de que después del 25 de mayo (o cuando finalmente se levante la cuarentena del todo) Colombia volverá a como estaba antes de su primer caso de COVID-19 es un espejismo que debemos abandonar. La pregunta orientadora es ¿qué podemos hacer para que el coronavirus no se salga de control?
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