Tras la cuidadosa filigrana del presidente Santos para cambiar la terna y animar acuerdos internos, los magistrados ajustaron el mecanismo de votación y cambiaron la exigencia de la mayoría calificada de forma que ya no estuviera conformada por las dos terceras partes del total de los escaños sino por el total de los magistrados presentes en la sesión. Así, a pesar de la politización y divisiones que la tuvieron por meses en la peor crisis de prestigio, la Corte logró recomponerse, evitar que una minoría continuara obstaculizando el proceso y mostrar que podía cumplir con sus funciones antes de que cerrara el año.
Por muy tardía que haya llegado la solución a sus problemas internos, el camino comienza a abrirse para la Corte Suprema de la misma forma que parece despejarse para la Fiscalía. Sin desconocer la labor del fiscal (e) Guillermo Mendoza Diago, que supo adelantar difíciles procesos que por tiempo estuvieron en espera, la certidumbre de un fiscal en propiedad y la fortaleza institucional que tal hecho representa era urgente. Viviane Morales, abogada rosarista, Ph.D. en Derecho Constitucional de París II, quien cumple con holgura los requisitos, estará ahora a la cabeza del ente acusador. Aunque la nueva Fiscal no es penalista, esto no es impedimento. ¿Una dificultad? Sí. Varios procesos los debe adelantar en el sistema oral acusatorio el propio Fiscal General; sin embargo, una adecuada elección de vice fiscal resolverá esta deficiencia.
Discutible es también la descalificación que sus críticos han salido a plantear por su decisión, en medio del proceso 8.000, de instaurar una tutela para proteger la inviolabilidad del voto de los congresistas, lo que a la postre evitó que avanzaran las investigaciones contra los 109 parlamentarios que absolvieron al ex presidente Ernesto Samper. Tal acción puede disgustar todavía hoy, como pudo disgustar también su posición ambivalente frente a la reelección del ex presidente Álvaro Uribe, pero por posturas dentro de la ley a nadie se descalifica. Como tampoco por su vida personal. A menos de que la turbia reputación de su ex marido, Carlos Alonso Lucio, la llegare a alcanzar, la fiscal Morales no tiene por qué llevar sobre sí cargas que no son suyas. Lo privado debe alejarse de lo público, o por lo menos no mezclarse por mera especulación como perversamente se ha querido hacer tras su designación.
A pesar de estas críticas, además, Viviane Morales tiene todas las credenciales para estar a la altura de su cargo; así lo decidió la Corte Suprema y así lo evidencia su trayectoria. De ser juzgada, sólo podrá serlo por la transparencia de su trabajo y la prontitud de sus resultados que, por lo demás, no pueden demorarse. Los miles de desmovilizados rasos por procesar son una real bomba de tiempo, como lo es el silencio de sus jefes extraditados y no extraditados. Delicados son también los procesos de escándalos como el del DAS o el de la contratación, en los cuales, entre más se investiga, más son los implicados y, peor aún, más alto en la jerarquía de poder. También están pendientes procesos de corrupción, como el de la yidispolítica, con los que ha indicado su compromiso. La intención no basta, lo sabemos, pero también sabemos que la fiscal Morales ha mostrado ya capacidad y carácter, cualidades que sólo se espera rebasen el cargo, pues tal como están las cosas, no bastará con un simple buen desempeño.