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Solidaridad: un verdadero positivo

LA NAVIDAD ES UN MOMENTO DE compartir en familia, de recuerdos y añoranzas, de reflexión y diversión, no sólo para los cristianos, sino también para todos quienes vivimos unidos a una costumbre antigua y duradera. Pero la Navidad es también un tiempo de solidaridad, de pensar en los demás.

23 de diciembre de 2008 - 06:00 p. m.
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La Navidad debería ser un momento de solidaridad con los secuestrados que pasarán otra Nochebuena en la selva sin más compañía que la de sus verdugos; con las madres de los muchachos de Soacha que no podrán estar en compañía de sus hijos; con las muchas víctimas de la incesante violencia colombiana; con los desfalcados de las pirámides que enfrentan un futuro desolado; con los desplazados que contemplan otro año de destierro; con los desempleados que siguen buscando, sin encontrarlo, un renacer económico.

Este año fue, en alguna medida, un año de la solidaridad. Hace unos meses, millones de colombianos marcharon por las calles de todo el país en protesta por la barbarie del secuestro. En estos días de diciembre circulan por internet algunas iniciativas ciudadanas que llaman la atención sobre la necesidad de no olvidar lo inolvidable. Después de un largo letargo, la sociedad colombiana parece estar entendiendo la importancia de ponerse en el lugar de las víctimas. Pero todavía falta mucho. La solidaridad no es un instinto, es una norma social, un deber ciudadano que se construye paso a paso, que se alimenta de pequeños actos y que es necesario inculcar y promover.

Los resortes morales que mueven al asombro y a la indignación permanecieron averiados por un largo tiempo. Las necesidades de los demás eran vistas tradicionalmente con indiferencia pasajera. Esta Navidad debería servirnos para recuperar la solidaridad, el asombro ante las tragedias ajenas, la indignación ante las injusticias de todos los días. Lo anterior puede sonar grandilocuente. Pero hay momentos del año en los cuales la grandilocuencia no hace daño. Por el contrario, sirve para predicar algunos valores fundamentales en una sociedad, como la nuestra, llena de dificultades.

Aquello que en otro contexto el sociólogo francés Daniel Pécaut ha llamado “la banalización del terror” quizá pueda ser desterrado por la vía de la solidaridad. La gratitud y la caridad, ambas virtudes cristianas, siguen siendo deseables. Pero deben ser complementadas por otra virtud más horizontal, que no mira de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba, que reconoce en el otro un igual, un ser con derechos y necesidades idénticas, un compañero de viaje. Una feliz Navidad para todos y una invitación sincera a la solidaridad.

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