El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Son las elecciones, estúpido

Justo antes del campanazo que podría haber dejado en la lona a la economía norteamericana, en medio de la pelea entre demócratas y republicanos, se logró un acuerdo de última hora que no deja satisfecho a ninguno de los bandos, pero que les salva la cara tanto al presidente Obama como a los republicanos moderados. El tema de fondo, con la economía de por medio, son las elecciones presidenciales del próximo año.

03 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.
PUBLICIDAD

El Florero de Llorente fue el aumento del límite de endeudamiento para atender obligaciones que se vencían y la negativa republicana, en especial de los radicales del Tea Party, a continuar incrementando el déficit con la consecuente exigencia de severos recortes en el gasto público. La visión opositora, de forma simplista, es la siguiente: si una familia gasta más de lo que se recibe hay que aplicar tijera a los gastos para equilibrar el presupuesto. De paso, bajarles el aporte a aquellos que tienen mejores ingresos para que puedan invertir en más negocios y así traer más plata a la casa. Hasta ahí la solución no parecería falta de lógica. Sin embargo, del lado del gobierno responden con argumentos igualmente válidos: que la difícil situación fue ocasionada por los republicanos que se dedicaron a gastar hasta acabar con los ahorros y endeudaron al país. Creen que los que se han beneficiado deben aportar más para ayudar a los más pobres en este momento de crisis y que no habrá recortes sustanciales a los gastos porque hay que atender las necesidades básicas. En conclusión, el viejo debate entre liberales y conservadores sobre si tener más o menos Estado.

Lo grave es que un asunto que antes se resolvía con negociaciones bipartidistas sin arriesgar la estabilidad y la credibilidad de la economía, estuvo en esta ocasión cerca de producir por primera vez en la historia un “default”, es decir, una cesación de pagos por parte de la primera economía del mundo. Lo que algunos denominaron una “quiebra”, similar a la que en su momento vivieron países del llamado Tercer Mundo, y que hoy padecen Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda, por citar algunos.

El round se terminó con un acuerdo que debilita en el corto plazo al presidente Obama, quien debió ceder en puntos importantes de su propuesta de gobierno, y fortalece al Tea Party, dispuesto a quemar el barco con tal de imponer sus puntos de vista. Sin embargo, dado que la pelea es larga, el acercar posiciones con los republicanos moderados ubica a Obama en el centro político, mientras que en la orilla opuesta lo más seguro es que quien termine siendo su contendor provenga del ala radical. Con un creciente número de electores que se consideran independientes, Obama espera extraer de allí los votos que requiere para su reelección, mientras que el ala izquierda demócrata, hoy alejada, terminará apoyándolo más adelante por contraste.

De momento, el Ejecutivo obtiene un aumento en el límite de endeudamiento por US$900.000 millones hasta febrero del año entrante. A partir de octubre de este año comienzan los recortes de gasto público para lograr la reducción del déficit en US$917.000 millones durante la próxima década. Luego vendrán otros recortes al gasto social y al presupuesto de defensa. Por último, y hasta finales del año entrante, habrá nuevas negociaciones para aumentar el límite de endeudamiento de manera consensuada. Sin embargo, los problemas de fondo para sacar adelante la economía no parecen estar resueltos. Se logró pasar una angustiosa situación coyuntural, pero los graves problemas de fondo siguen sin resolverse.

El nombre del juego por el momento, entonces, es posicionarse de la mejor manera para enfrentar las elecciones de 2012. Pero a futuro, los errores estratégicos se habrán de pagar caro.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias