Hay buenas noticias en Venezuela, aunque, como es habitual, se deben tomar con una sana dosis de escepticismo. El martes pasado, después de una reunión en Barbados, la oposición y el régimen de Nicolás Maduro acordaron celebrar elecciones presidenciales el segundo semestre del 2024. En principio, se harán con todas las garantías electorales posibles, observación internacional y, lo más importante, se acordó “la autorización de todos los candidatos presidenciales, siempre y cuando cumplan con los requisitos establecidos por la ley”. Hay una luz de esperanza para un país donde el régimen se inventa cuanto obstáculo sea posible para sabotear a la oposición cada vez que hay llamado a las urnas; sin embargo, ya se han incumplido varios pactos en el pasado.
Aquí no hay buena voluntad, sino un mero cálculo económico. En un comunicado, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió “licencias generales que autorizan transacciones que involucran al sector de petróleo y gas y al sector del oro de Venezuela, además de eliminar la prohibición del comercio secundario”. Es decir, levantaron las sanciones que operaban desde que se intentó presionar al régimen. En contraprestación, Maduro se comprometió a celebrar elecciones libres para mantener las relaciones comerciales e incluso llegar a un restablecimiento total de su rol en la diplomacia internacional. El trasfondo, entonces, es financiero, de un Estado corrupto que no ha podido tener tantos ingresos como quisiera, mientras que Estados Unidos también se beneficia de poder comprar petróleo de Venezuela cuando se le cerraron otras puertas por los conflictos armados en curso. Ese es el trasfondo que se debe considerar al leer la situación.
Dicho esto, la democracia libre siempre es la respuesta. Las últimas elecciones que tuvieron participación de la oposición fueron una burla. Los principales críticos del régimen de Maduro están inhabilitados, por lo que surge la pregunta: ¿se permitirá su participación en las elecciones del año entrante? Si no es así, no se podrá hablar de un espacio propicio para que los venezolanos se expresen en las urnas y estas concesiones habrán sido en vano. Esperamos que eso no ocurra.
Mientras tanto, la oposición prepara sus primarias de este domingo, cuando elegirán a un candidato unificado. Es lo correcto, pues no se puede desperdiciar la oportunidad de utilizar las vías democráticas para sustituir un régimen atrincherado en el poder. No obstante, hay temor, pues participan personas inhabilitadas. De hecho, María Corina Machado, la favorita para hacerse con la nominación, tiene 15 años de inhabilitación para participar en elecciones. A propósito del acuerdo de Maduro y la oposición, ella dijo: “El régimen ha firmado acuerdos que viola reiteradamente. Lo relevante ahora no es que se firme un nuevo documento, sino que su cumplimiento estricto se extienda hasta todos aquellos aspectos que contempla la Constitución y que genuinamente benefician a los venezolanos”. Eso esperamos y el Gobierno colombiano, que ha sido clave en el proceso de que Venezuela restablezca relaciones con el mundo, debe presionar para que los acuerdos se cumplan.
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