La semana pasada terminó con una buena noticia. Varios bancos, incluyendo Bancolombia, Davivienda, el Banco de Occidente, BBVA y el Banco de Bogotá, decidieron reducir considerablemente las tasas de crédito para los préstamos de bajo monto. De una tasa máxima actual del 46 % efectivo anual, por citar un ejemplo, Davivienda quedó con una tasa de interés del 20 % para tarjetas con cupos inferiores a $4’000.000. Lo mismo hicieron los demás bancos, cada uno con sus características. Se trata de una medida sin precedentes que es el resultado de una conversación con el Gobierno y puede marcar el camino para futuras ayudas a los colombianos.
En su cuenta de Twitter, el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, fue claro: “Diálogo entre Gustavo Petro, Presidencia, Ministerio de Hacienda, Superintendencia Financiera de Colombia y sector financiero da frutos: Bancolombia, Davivienda, Banco de Occidente, BBVA y Banco de Bogotá bajan tasas de créditos de bajo monto. Y anuncio: vienen más apoyos a la economía popular”. Se trata de una buena noticia para el país, no solo por el acuerdo particular de la reducción de las tasas de interés, que estaban altísimas, sino por tratarse de una conversación de alto nivel entre el Gobierno y el sector financiero, que en otros momentos han tenido fricciones.
Hay un cuestionamiento válido sobre política macroeconómica. Las tasas de interés del país están tan altas porque el Banco de la República ha tenido que hacer uno de los mayores aumentos de su tasa en la región, en su objetivo de detener la inflación. La táctica es reducir el consumo, dificultar el endeudamiento y que así los precios de todos los productos dejen de estar por las nubes. Aunque los datos de inflación de los últimos dos meses parecen indicar que hemos llegado a un techo inflacionario (ojalá), la realidad es que el país se encuentra en un momento muy frágil. En ese sentido, es contraproducente que el Banco de la República esté aumentando su tasa y los bancos privados adopten una estrategia contraria. Podríamos ver una persistencia en la inflación, lo que seguiría encareciendo los precios que están pagando los colombianos.
Una posible defensa contra esa consecuencia indeseada es que la reducción en la tasa de interés es solo para tarjetas con cupos bajos. Si, en cambio de lo mencionado, lo que esto hace es aliviar a las personas que más lo necesitan en un momento económico difícil, se tratará de una buena medida. Más importante aún, sería una muestra de cómo el Gobierno y el sector privado pueden trabajar juntos, con responsabilidad social, para aliviar el día a día de los colombianos.
En varias ocasiones hemos defendido la necesidad de hacer cambios concertados, acercar a un Gobierno reformista con un sector privado que en ocasiones ha expresado sus preocupaciones. Esto que ocurrió, en un tema tan delicado como el sector financiero, es motivo de esperanza. Más aún si es el principio de más anuncios que vendrán, como prometió el ministro Ocampo. Cuando hay trabajo concertado, quien gana es el país entero.
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