En datos más comprensibles, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) llevó al Gobierno a la conclusión de que el año pasado se crearon 543.000 puestos de trabajo, dos veces lo que se logró en 2012. El promedio: 9,6%, es decir, la gran promesa que hizo el Gobierno de reducir a un dígito las cosas. Cerca de las dos cifras, pueden decir, pero son trabajos ocupados en vidas reales y particulares.
Dijo el presidente, además, que la mayoría de esos nuevos puestos fueron creados bajo modelos formales de trabajo, con el pago de las prestaciones que la ley exige. Asimismo prometió que 250.000 aprendices del Sena, que devengan actualmente un 75% del salario mínimo, recibirán esta remuneración completa ($616.000 al mes). Todo esto suena bien y es un avance, por supuesto. Sin embargo, nosotros estamos viendo aquí una serie de números que, si bien lucen en principio positivos, desagregándolos podremos encontrar mucha más precisión. Una historia muchísimo más cercana a la realidad.
El promedio nacional prometido es un paso adelante, sin duda, pero hay que poner igual atención a lo dicho por el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas: “En diciembre de 2012 sólo siete ciudades de las 23 encuestadas registraban tasas de desempleo de un dígito. En 2013 logramos aumentar este número a 10”, lo cual tenía que ver con la reforma tributaria y el Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo. La primera parte de su declaración es reveladora: el promedio nacional jala las cosas para un lado, pero no hay que dejar de poner especial atención en las regiones y en los municipios. Sobre todo en lugares como Quibdó, Cúcuta y Popayán, que ostentan niveles de desempleo de 18,3%, 15,6% y 15,6%, respectivamente, muy por encima de un solo dígito.
De acuerdo con un informe del Observatorio del Mercado de Trabajo y la Seguridad Social de la Universidad Externado de Colombia, el mercado informal se contrajo, cosa que es una buena noticia, pero el formal presentó un crecimiento en tasas no superiores a las presentadas en años pasados. Otro punto en el camino es el contexto económico internacional y, por supuesto, la informalidad.
No hay que restarles a las buenas noticias su mérito, pero tampoco hay que sobredimensionarlo. Esas dos conductas llevan, por supuesto, a la incomprensión de la realidad. Es un paso y un logro prometido, vale, pero muchas cosas puestas en contexto revelan que, en lo referente al trabajo, aún queda mucho por hacer. Sobre todo en términos macroeconómicos: situar el trabajo en el debate nacional grande es una urgencia que aún no se ha acometido. No nos ahoguemos, por favor, en los números o en los discursos. Todo puede ir por buen camino, pero hay que afianzar mucho más la política laboral del país.
Ojalá el promedio de desempleo se mantenga en menos de dos dígitos. Pero que la noticia venga también con otras variables resueltas, que deben ser, por supuesto, parte del mismo discurso en que se exponen los logros. El dígito es un paso adelante. Que vengan más entonces.