Con una estrategia diplomática bien diseñada, desde el primer momento la Casa Blanca evitó generar demasiadas expectativas en cuanto a que el resultado fuera una resolución final, lo cual implicaba un peligroso proceso de negociación que habría dilatado la realización del evento. Por el contrario, desde un inicio la idea fue que los líderes de las naciones más importantes del planeta que acudieron —dejando por fuera a Irán, Corea del Norte, Siria, entre otros— se comprometieran a que en los próximos cuatro años sus reservas de uranio enriquecido quedaran aseguradas y no fueran a terminar en las manos equivocadas. Eso sí, todavía no se sabe cómo lo van a hacer.
El mensaje de Obama fue muy claro: no es posible que, concluida la Guerra Fría, exista ahora la nueva amenaza de que los pocos controles, o la demasiada laxitud, de ciertos gobiernos permitan que grupos como Al Qaeda estén tras la adquisición de material nuclear para utilizarlo en sus fines terroristas. En este sentido los primeros resultados concretos que arroja la recién concluida Cumbre son significativos: Ucrania se comprometió a que para 2012 se deshará de todas sus reservas de uranio altamente enriquecido, el cual con toda seguridad va a entregar a Estados Unidos. Lo mismo está haciendo Chile. Son unos primeros pasos en la dirección correcta.
De otro lado, Estados Unidos logró adelantar una presión diplomática sobre China, para que dicho país aceptara incorporarse a la redacción de una resolución que conduzca a la imposición de nuevas sanciones a Irán, tras su negativa a frenar el proceso de elaboración de uranio enriquecido que le podría permitir acceder al arma atómica. El gobierno de Teherán ha reiterado que la producción se hace plenamente con fines pacíficos y que la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la ONU están equivocadas en su valoración. De esta manera, se podría dar un paso significativo en el marco de Naciones Unidas para forzar al gobierno de Ahmadineyad a no persistir en este peligroso juego.
De lograrlo, Obama tendría además un as que puede mostrar ante Israel, dado que dicho país argumenta, y no sin razón, que si Irán accede a armas atómicas, se pone en peligro extremo la existencia de su país y las consecuencias en Oriente Medio serían desastrosas. Ahora, si gracias a la presión internacional Irán acepta las exigencias de la ONU, el gobierno de Netanyahu perdería un argumento central sobre su propia seguridad y podría verse forzado a asumir con mayor disponibilidad el diálogo con los palestinos, abriendo la puerta a una aclimatación de la paz en esta convulsionada región.
El presente es, sin lugar a dudas, un juego de ajedrez con demasiadas variables para tener en cuenta. Dentro de éste, la apuesta de Obama es en grande y tendrá una segunda etapa durante la reunión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares en mayo. De ahí que este adelanto de opiniones en Estados Unidos haya permitido airear diferencias y adelantar puntos de encuentro.
De otro lado, tal vez lo más importante es que se ha actuado por los sabios caminos de la diplomacia y no por los peligrosos senderos de la imposición de medidas o la actuación unilateral, como solía hacerlo el anterior gobierno norteamericano. Por supuesto que está por verse cuál será el alcance real de lo logrado en Washington, pero lo más significativo es que se está avanzando por el camino del multilateralismo y la búsqueda de consensos, dentro del cual, y tal como lo dijera el propio Barack Obama, “el pueblo estadounidense y el mundo estarán más seguros”.