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Un negro en la Casa Blanca

LAS ELECCIONES DEL martes PROBAblemente van a ser registradas como un momento de trascendental quiebre, no sólo para Estados Unidos, sino también para el resto del mundo.

04 de noviembre de 2008 - 05:33 p. m.
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Por primera vez un candidato de raza negra llegará a la Casa Blanca arrastrando consigo un entusiasmo electoral pocas veces visto. Tras Obama, las nuevas generaciones de votantes, caracterizadas por su apatía política, amenazan con transformar drásticamente el panorama político estadounidense.

En lo interno, los cambios están por venir y seguramente tendrán lugar tanto del lado del gobierno demócrata como del Partido Republicano. John McCain quedó atrapado en un dilema imposible de resolver y que vienen enfrentando los republicanos desde hace décadas: intentar cooptar a un sector de votantes indecisos a través del relajamiento y el movimiento hacia el centro y, como resultado, terminar por alienar a los sectores más conservadores y radicales del partido. La campaña republicana se percató del problema en la mitad de la contienda y por eso acudió a la figura de Sarah Palin, una mujer con pocas credenciales en materia de gestión, pero con una agenda política de derecha extrema que contrapesó, en cierta medida, la moderación de McCain.

Al perder las elecciones, los republicanos pueden estar en proceso de aprender la lección equivocada y creer que la solución es no apuntarle más a la moderación y apostarle contundentemente al radicalismo de derecha. Por eso, la figura de McCain parece ya quemada, mientras Sarah Palin no deja de sonar como candidata para las próximas elecciones.

Si en cuatro u ocho años esta radicalización de los republicanos es acompañada por un desgaste sustancial de los demócratas en el gobierno, seguramente lo que veremos será una repetición del fenómeno de Ronald Reagan en los 80. Pero si, al contrario, dicho desgaste demócrata no ocurre, los republicanos se sumirán en una crisis ideológica aún más profunda.

La cosa se pone peor para los republicanos si se incluyen los resultados de las elecciones al Congreso en el análisis. Aunque al cierre de esta edición no eran conocidos todos los resultados, es bastante probable que los demócratas consoliden su mayoría. Los candidatos republicanos al Congreso también fueron salpicados por el desastre de la gestión Bush y tendrán que pagar los platos rotos. Eso quiere decir que probablemente la única gran restricción que Obama tendrá que enfrentar para poner en marcha su plan de gobierno será la difícil situación económica por la que atraviesa el país, pues el Congreso estará de su lado.

¿Qué tanto se desgastará la figura presidencial y el Partido Demócrata en su intento por recuperar la economía? Si la crisis retrasa el cumplimiento de sus promesas electorales y, además, lo obliga a hacer que la sociedad se apriete el cinturón para ajustar las finanzas públicas, seguramente en algún tiempo su popularidad se verá reducida. Esta primera etapa será la más difícil y la oposición estará atenta y esperando el primer resbalón del joven presidente.

La fortaleza política de Obama seguramente se traducirá también en un redireccionamiento importante de su política exterior. Con una mayoría en el Congreso, tiene la oportunidad de enviar a su país de regreso a la comunidad internacional y sus instituciones. Será interesante observar qué reversazos dará el nuevo presidente y cómo poco a poco consolidará los lineamientos básicos de su política exterior. Por lo pronto, se espera un regreso a los escenarios multilaterales, un retiro gradual y para nada fácil de Irak, mucha más cautela con los tratados de libre comercio y una política, en general, de más diálogo y menos garrote.

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