Están aquellos que se enfilan desde su pasado, como los temibles fantasmas de su participación en la parapolítica y la corrupción en Senado y Cámara. Pero también se hacen presentes los que surgen de su gestión actual, como malos nombramientos y asignación parcializada del presupuesto.
Así lo testimonian distintos medios de comunicación cuando reviven tres investigaciones importantes: el lío por la entrega a dedo de notarías como rédito político de las elecciones de 2006, de la cual, algunos dicen, fue beneficiario; su posible vinculación al irrefrenable escándalo de la parapolítica que ha ocupado gran parte de la agenda judicial en materia de congresistas; y finalmente, la presunta cuota burocrática que tiene en la Corporación Autónoma de la Frontera Nororiental (Corponor). O “Corzonor”, como ironizan algunos. Sospechas, hasta ahora. Incluso de la segunda parecía haber salido bien librado hasta que alias El Iguano volvió a mencionar su nombre en una de las tantas versiones libres que rinde ante los jueces.
Sería apresurado extraer alguna conclusión de su pasado basándose en meras conjeturas que la justicia aún no ha confirmado. Su presente, sin embargo, tampoco parece ofrecer la mejor impresión. Corzo persiste en revivir la figura de la inmunidad parlamentaria, una institución de hace dos siglos que imposibilita a la Corte Suprema el juzgamiento directo de los congresistas. Bajo esta regla, serían ellos mismos los que definirían si levantar o no el fuero de quienes estuvieran involucrados en algún delito. Suena insólito en un país cuya institución más deslegitimada en los últimos cinco años ha sido el Congreso, y todavía más, cuando el proponente está inmerso en varias investigaciones.
Pero no es sólo su agenda política, sino también la administrativa. Ya lo ha criticado duramente su antecesor, Armando Benedetti, por el renombramiento de los antiguos directores administrativos del Senado Emilio Otero y Ómar Velásquez, sobre quienes pesan investigaciones de la Procuraduría. ¿Por qué no mejor dejar a estas dos fichas quietas? ¿Qué estrategia política está usando Corzo al repetir nombres tan calientes para gestionar los asuntos del Congreso? El expresidente del Senado lo confronta también por los excesivos gastos del presupuesto que en su momento él recortó por considerarlos innecesarios: en carros para los congresistas, en gasolina, en sueldos altos para la mesa directiva.
Son apenas impresiones, vestigios, sospechas que pueden o no conducir a la verdad. Nada concreto hasta el momento. Conocer estos detalles, sin embargo, es una cuestión de vital importancia para la democracia, ya que ayuda a vislumbrar un panorama de quiénes y en qué condiciones están legislando por nosotros. Es fundamental también para el gobierno de Santos, con una aparente agenda progresista que ha puesto todo en manos del Congreso, mirar con sumo cuidado cuál es la mesa directiva que, a la larga, pondrá todos sus proyectos en la agenda y el orden del día. No puede ser que por continuar el paso arrollador de sus proyectos bajo el poder de la Unidad Nacional, el Gobierno mire para otro lado.
Y es un deber para la Corte Suprema adelantar una investigación objetiva en aras de un interés general. No se trata de una “persecución política”, como responde Corzo, sino de un esclarecimiento de los hechos que es necesario para una gestión transparente de cara a la ciudadanía. En un país como Colombia, es casi descarado afirmar que una investigación contra un político sea una cacería de brujas.