Acaso por un error, en algunos mapas aparece con v, río Vita, apelativo que se quiere hoy retener para lo que podría ser el primer río protegido de Colombia. La propuesta, que podría pasar desapercibida en medio del frecuente anuncio de creación de nuevas reservas naturales, es diferente en el plano real. Se busca un desarrollo regional basado en el mantenimiento de la unidad indisoluble entre el sistema ecológico, que no debe decrecer, y el económico en expansión. Es además urgente: el futuro más probable podría ser el colapso indeseado de la salud del río, conforme avanzan y se acumulan los impactos de la nueva agricultura industrial en las sabanas de la altillanura desde La Primavera, donde nacen los afluentes del largo río.
En efecto, de tiempo atrás se sabe que la salud de los ríos depende del tratamiento de los territorios. Hay, además, grandes tramos de ríos muertos biológicamente. Hay otros ríos que entregan todo su potencial al desarrollo hidroeléctrico, con importantes pérdidas de funciones representadas en la ruptura de los pulsos hidrológicos que sustentan los sistemas ecológicos de humedales en los planos de inundación.
También los hay que mantienen bienes ambientales que le dan nutrición, seguridad económica y transporte a las comunidades ribereñas. En este contexto, en un río protegido se busca el mantenimiento de todos los beneficios ambientales, sin transgredir las fronteras del abuso, y los umbrales del cambio ecológico irreversible. Tiene como referente la integridad ecológica del río, manifiesta en la cantidad, calidad y pulso natural de las aguas que sustentan la vida de miles de hectáreas de lagunas, morichales, bosques de galería, sabanas inundables y bajos. Y en el río mismo, con una gran diversidad de peces y animales acuáticos.
Hoy el Bita es un río sano, con poblaciones de todos los depredadores, como la nutria gigante, el delfín rosado, los caimanes, y la payara. Y desde hace años un atractivo mundial para la pesca deportiva del pavón, actividad que le deja a Puerto Carreño varios miles de millones de pesos al año derivados de la prestación de los servicios para acceder al río y sus peces. Pero nadie está propiamente pagando por el servicio ecológico de sustento de los peces y el río, ni tampoco por su gran belleza.
Por eso un conjunto de fundaciones con presencia en la región, como Orinoquía, Palmarito, Omacha y La Pedregoza, y el WWF, con la promoción y coordinación científica del Instituto von Humboldt, están haciendo un llamado a los propietarios colindantes a sumarse a la iniciativa.
Se busca tener un río en el cual la investigación se prepara para acoger de manera armónica el desarrollo económico, y se convierte en reflejo de la responsabilidad ambiental empresarial, extendida en el territorio. El apoyo que ha recibido de Corporinoquia, así como la Gobernación del Vichada, y las fuerzas combinadas de Armada, Ejército y Policía resulta esperanzador.
La voluntad de mantenimiento de la salud de este gran río que podría ser la base para un modelo de gestión replicable en otras zonas del país. Si en algo nos está haciendo falta innovar es en la conservación de la naturaleza. Bienvenido pues el Bita, el primer río protegido de Colombia.