Desde hace años se viene intentando recuperar y mantener dicho corredor y ello explica la conformación, en el año 2000, de un Panel de Expertos por parte del entonces Ministerio de Ambiente, que recomendó la creación de la Reserva Forestal Regional del Norte en las 1.360 hectáreas que separan a Bogotá de Chía y Cota. La idea de recuperar el bosque natural en esta zona para que renazca y florezca la fauna y la flora nativas a la vez que se detiene la urbanización desordenada de la capital hacia la sabana por su lado norte es un propósito a todas luces loable. Lo que está en duda es si resulta practicable, pues ya han pasado casi 11 años y ni siquiera existe un plan de manejo aprobado.
La Procuraduría entró a la discusión a finales del año pasado para, basada en un par de estudios, hacer un llamado de atención a los organismos ambientales por la indefinición del tema, pero también para poner en duda la viabilidad de la declaratoria de la Zona de Reserva. Argumenta la Procuraduría que el análisis juicioso del lugar muestra que no más del 5% de las 1.360 hectáreas corresponde en realidad a áreas de importancia ecológica. Recoge lo que es una verdad de a puño y es que en estos casi 11 años se han venido construyendo en el sector colegios, parqueaderos, hospitales, casas de campo y demás, con lo cual, hacer realidad aquella idea de un pulmón verde para la ciudad allí obligaría a un proceso de restauración e intervención que resulta inverosímil.
En medio de este panorama, los propietarios de más de 300 predios en el área, desesperados tras una década de incertidumbre sobre el futuro de sus propiedades, se han unido en torno de la Asociación para el Desarrollo Integral de la Vía Suba-Cota para hacer una propuesta de desarrollo sostenible en esta zona. Básicamente, proponen ceder una parte de sus terrenos para mantener unos corredores ambientales entre los ecosistemas de los Cerros Orientales y el río Bogotá a cambio de un amplio desarrollo de vivienda planificado para todo el sector. Una idea que no solamente luce lógica dentro de la idea de que el desarrollo humano puede cohabitar con el de la naturaleza, sino que en términos de viabilidad financiera y operacional parecería contar con mayor futuro.
Claro, resulta apresurado determinar de buenas a primeras la bondad de la propuesta, pues es obvio que los propietarios tienen un interés comercial sobre sus predios. Habría que determinar técnicamente si los corredores propuestos sí cumplirían con el propósito buscado, si son suficientes, qué medidas de protección adicionales se tendrían que implementar, etcétera. De cualquier manera, ahí está sobre la mesa una propuesta alternativa que debería ser discutida en la toma de una decisión definitiva. Si de su estudio se concluye que no es conveniente para el objetivo ambiental prioritario, que con celeridad se decida qué y cómo va a ser el manejo de un lugar de vital importancia para la ciudad como ésta. Lo único que definitivamente no puede continuar después de 11 años es la inacción, que lo único que ha permitido es que esta zona se vaya desarrollando por debajo de la normatividad de manera absolutamente desordenada.