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Una excusa esencial para hacernos preguntas difíciles

04 de octubre de 2019 - 12:00 a. m.
El Festival Gabo hace acto de resistencia al apostarles al diálogo y la colaboración. Se trata de un esfuerzo que, esperamos, debe perdurar. / Foto: Cortesía Fundación Gabo
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Hoy termina el Festival Gabo, un encuentro que se ha convertido en referente para Iberoamérica y que ha servido como espacio de discusión de las preguntas más importantes que no solo enfrenta el periodismo, sino nuestras sociedades. Ante la amenaza de las noticias falsas, los caudillos que privilegian los “hechos alternativos” sobre la búsqueda de la verdad, los poderosos que quieren silenciar a los contrapoderes y la asfixia económica de un oficio que no ha encontrado un modelo de negocios que garantice su sostenibilidad, el festival hace acto de resistencia al apostarles al diálogo y la colaboración. Se trata de un esfuerzo que, esperamos, debe perdurar.

Medellín (Antioquia) es ahora una parada obligada para los periodistas de América Latina, para quienes se preocupan por el bienestar de nuestras democracias y el debate público, y para quienes quieren pensar en voz alta los retos del mundo. Gracias a los esfuerzos de la Fundación Gabo y sus aliados en el sector público y privado, la calidad de los invitados al festival ha permitido tener conversaciones imperdibles. Además, la realización de talleres y el espacio de acercamiento de los expertos al público han permitido que tanto los estudiantes como los ciudadanos puedan ver de cerca cómo se está haciendo el mejor periodismo de Iberoamérica (y, no sobra agregar, del mundo). Esa aproximación permite desmitificar la figura del periodista, tan deslegitimada por las fuerzas políticas que ven en la oscuridad y la polarización una oportunidad para obtener poder.

Basta mirar los temas discutidos en el festival de este año para entender su relevancia. La pregunta por la intersección entre el periodismo y el género, que ha estado en boga particularmente desde que empezó el movimiento del #MeToo, es también una excusa para explorar cómo la política de las relaciones interpersonales está cambiando. ¿Cómo contamos historias allí donde las fuentes son escasas, donde la prueba es difícil de conseguir? Hablar de periodismo con enfoque de género es, al mismo tiempo, preguntarnos por cuál tipo de sociedad queremos construir y cuál es el rol de la búsqueda de la verdad en la desarticulación de las desigualdades históricas.

El festival también se preguntó por nuevos formatos, nuevas maneras de contar, cómo construir redes de colaboración para investigar, cómo responder a la desinformación, cómo enfrentar el populismo antiperiodismo, cómo demostrar que hoy, más que nunca, las sociedades que se sueñen libres necesitan de información veraz y útil. En la mitad de todas esas preguntas yace la definición del futuro de nuestros países.

No puede pasar desapercibido que el festival se celebra en el marco de un año electoral que llegó con más amenazas a periodistas, más intentos por desinformar, más estigmatización de las voces críticas. El contrapoder que ejerce el periodismo está bajo amenaza. Lo angustiante es ver cómo millones de personas parecen estar de acuerdo en que es mejor la “verdad” que ofrecen los caudillos a aquella que se puede construir mediante mecanismos de verificación e investigación. El nihilismo de las ciudadanías del siglo XXI trajo consigo el riesgo de que, al relativizarlo todo, dejemos de buscar los puntos de encuentro que nos ofrece la labor periodística. Ante eso, no queda más que celebrar que nos queden espacios como el Festival Gabo.

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