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Una víctima del acoso efectivo… y engañoso

Los vientos de censura que venían soplando desde Ecuador, disfrazados, como ahora es la moda, de protección de la competencia y defensa de los ciudadanos, van tornándose en tormenta con el paso de los días. Así, solamente, se puede interpretar la salida de circulación esta semana, en su versión impresa, del diario Hoy de ese país, luego de 32 años de servicios.

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Lo dijo clarito su director, Jaime Mantilla, en el editorial de despedida de la calle el pasado domingo: “La gradual pérdida de las libertades y la limitación de las garantías constitucionales que sufre el Ecuador, la autocensura que impone la vigencia de la Ley de Comunicación, los ataques reiterados directos e indirectos a la prensa que no controla el gobierno, han generado, desde hace más de siete años, un escenario totalmente adverso para el desarrollo de un diario plural, libre, independiente y abierto a las distintas corrientes de opinión”. Y así se ha apagado su voz por efecto del poder gubernamental.

Es cierto que, por fortuna, se seguirá escuchando —desde el pasado lunes es así— a través de su edición digital. Hecho este que, sin embargo, ha servido para que, del presidente Rafael Correa hacia abajo, se haya tratado de minimizar el significado profundo de su final como impreso. Es, ya lo decíamos, la manera moderna de aplicar la censura: esa de culpar a los medios silenciados de su propia suerte, de hacer creer que se toman medidas contra su libertad para proteger la libre competencia, de desvirtuar el trabajo periodístico con supuestas muestras de sesgos o abusos de poder, en fin, de disfrazar de positivo lo que no puede serlo. Nunca el silenciamiento de una voz libre, por poco que aporte, puede traer algo benéfico a una sociedad.

El presidente Correa ha justificado el cierre en papel de Hoy en que “viene acumulando pérdidas desde hace años por una pésima administración”. Ni una palabra de las regulaciones restrictivas de su Ley de Comunicación, el boicot publicitario al diario o la cancelación de contratos de impresión oficiales. Menos sobre el proceso administrativo que, bajo esa abominable Ley de Comunicación, se les inició a Hoy y a otros tres periódicos hace unos días, por no haber cubierto con suficiente despliegue una visita del presidente Correa a Chile, en donde recibió un doctorado honoris causa. Ese es el tipo de violaciones a la función informativa como servicio público que el oficialismo ecuatoriano considera imperdonables. ¡Vaya, vaya!

Se equivoca, y mucho, el líder que celebre el silenciamiento de un medio de comunicación o el que, como en este caso, crea que imponiendo restricciones y dificultando el negocio que permite sostener la labor periodística hace bien a su país. Si en verdad estuviese por la defensa de una mayor pluralidad de opiniones y visiones, su empeño sería por abrir más medios de comunicación, y entre más diversos mejor, en lugar de controlar los oficiales para su beneficio particular y mandar a la desaparición a aquellos privados que se le oponen. La prosperidad económica de que hoy goza Ecuador, y que su pueblo agradece al presidente Correa, no alcanza a ocultar, mucho menos a excusar, la intención de unificar el pensamiento en torno a su figura.

Una vez más, pues, lanzamos desde aquí nuestra voz de solidaridad con los colegas ecuatorianos y con todos los que tienen que ejercer la profesión bajo el acoso de los poderosos, en especial por aquí en el vecindario. Sabemos que ideas como las que promociona el presidente Correa son atractivas, por lo engañosas, para muchos que en todas partes sueñan con una información controlada desde el poder. Por eso la persecución que sufren es también nuestra amenaza. Larga vida a la voz de Hoy, escúchese donde se escuche.

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